El obispo de los pobres. Con este cariñoso apelativo conocía La Laguna, y todo Tenerife, a Domingo Pérez Cáceres. Ayer se cumplieron 50 años de su fallecimiento, medio siglo desde aquella calurosa tarde de agosto en la que las campanas de La Laguna doblaron para dar anuncio de su fallecimiento, víctima de un cáncer a los 69 años.
El sacerdote güimarero sigue siendo, aún hoy, el primer y único tinerfeño en dirigir la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Fue un "hombre cercano que dio todo lo que tuvo, siempre, a los más pobres", explicaba ayer el historiador lagunero Julio Torres.
Dos días enteros transcurrieron hasta que fue enterrado frente al altar mayor de la basílica de La Candelaria, el mismo templo del que fue benefactor y que fue erigido durante los 14 años en los que permaneció al frente del palacio episcopal de la calle San Agustín. Al velatorio, que se celebró en la catedral de La Laguna, acudieron miles de fieles para despedirse del "obispo del pueblo".
Mañana hará cincuenta años desde que La Laguna se llenó de con multitudes llegadas desde todos los puntos de la Isla para dar el último adiós al célebre obispo. "Vino toda la Isla, las calles estaban llenas de gente", recuerda Torres. "Los hombres, con sus corbatas y trajes negros, las mujeres con velo o mantilla", añade.
A despedir a don Domingo, como el mismo se hacía llamar para evitar los formalismos eclesiástico, acudieron en peso todas las cofradías y hermandades de La Laguna, el cuerpo consular, los representantes del Ejército y el claustro completo de la Universidad de La Laguna. "Más de 100.000 personas acompañaron el recorrido y decenas de coches fúnebres portaron las coronas, llegadas también desde la península".
A Pérez Cáceres se le recordará siempre, además de por su entrañable cercanía, por haber facilitado la continuidad de los carnavales chicharreros. Las famosas Fiestas de Invierno, como fueron etiquetadas los festejos durante la dictadura del general Franco, contaron con la complicidad del Obispado. Este extremo garantizó su supervivencia, el Obispo fue garante personal de su continuidad e intercedió ante el gobernador
El sacerdote güimarero sigue siendo, aún hoy, el primer y único tinerfeño en dirigir la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Fue un "hombre cercano que dio todo lo que tuvo, siempre, a los más pobres", explicaba ayer el historiador lagunero Julio Torres.
Dos días enteros transcurrieron hasta que fue enterrado frente al altar mayor de la basílica de La Candelaria, el mismo templo del que fue benefactor y que fue erigido durante los 14 años en los que permaneció al frente del palacio episcopal de la calle San Agustín. Al velatorio, que se celebró en la catedral de La Laguna, acudieron miles de fieles para despedirse del "obispo del pueblo".
Mañana hará cincuenta años desde que La Laguna se llenó de con multitudes llegadas desde todos los puntos de la Isla para dar el último adiós al célebre obispo. "Vino toda la Isla, las calles estaban llenas de gente", recuerda Torres. "Los hombres, con sus corbatas y trajes negros, las mujeres con velo o mantilla", añade.
A despedir a don Domingo, como el mismo se hacía llamar para evitar los formalismos eclesiástico, acudieron en peso todas las cofradías y hermandades de La Laguna, el cuerpo consular, los representantes del Ejército y el claustro completo de la Universidad de La Laguna. "Más de 100.000 personas acompañaron el recorrido y decenas de coches fúnebres portaron las coronas, llegadas también desde la península".
A Pérez Cáceres se le recordará siempre, además de por su entrañable cercanía, por haber facilitado la continuidad de los carnavales chicharreros. Las famosas Fiestas de Invierno, como fueron etiquetadas los festejos durante la dictadura del general Franco, contaron con la complicidad del Obispado. Este extremo garantizó su supervivencia, el Obispo fue garante personal de su continuidad e intercedió ante el gobernador
civil para que no restringiese los bailes de máscaras .
Para recordar su fallecimiento, el Obispado de Tenerife celebró ayer tres eucaristías en memoria del prelado tinerfeño. A las 9:00 horas tuvo lugar la primera ceremonia en la actual sede del Cabildo Catedral, la iglesia de La Concepción. Después, a las 11:00 horas y por ser el impulsor de la construcción de la actual Basílica, Candelaria acogió otra eucaristía en recuerdo de su alma. Finalmente, la parroquia San Pedro de Güímar se sumó al aniversario con una misa por su descanso.
Integrado en la ciudad
Para recordar su fallecimiento, el Obispado de Tenerife celebró ayer tres eucaristías en memoria del prelado tinerfeño. A las 9:00 horas tuvo lugar la primera ceremonia en la actual sede del Cabildo Catedral, la iglesia de La Concepción. Después, a las 11:00 horas y por ser el impulsor de la construcción de la actual Basílica, Candelaria acogió otra eucaristía en recuerdo de su alma. Finalmente, la parroquia San Pedro de Güímar se sumó al aniversario con una misa por su descanso.
Integrado en la ciudad
La prueba del grato recuerdo que la ciudad de Los Adelantados guarda de Pérez Cáceres es el hecho de que era un habitual en las tertulias de la plaza de la Junta Suprema y en la de la sombrerería de don Víctor Núñez.
La ciudad dedicó la calle principal de Barrio Nuevo al recuerdo del prelado güimarero, como también colocó un busto suyo en la plaza de la catedral. No obstante, recordatorios similares pueblan el callejero de toda la isla de Tenerife. Hasta diez municipios han honrado la memoria del obispo Pérez Cáceres con una vía con su nombre: La Matanza, Santa Cruz de Tenerife, Arafo, su Güímar natal, el Puerto de la Cruz, La Orotava, San Juan de la Rambla y Fasnia.
La ciudad dedicó la calle principal de Barrio Nuevo al recuerdo del prelado güimarero, como también colocó un busto suyo en la plaza de la catedral. No obstante, recordatorios similares pueblan el callejero de toda la isla de Tenerife. Hasta diez municipios han honrado la memoria del obispo Pérez Cáceres con una vía con su nombre: La Matanza, Santa Cruz de Tenerife, Arafo, su Güímar natal, el Puerto de la Cruz, La Orotava, San Juan de la Rambla y Fasnia.
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