miércoles, 19 de octubre de 2011

Amó al Carnaval durante 74 años

Manuel Monzón Mingoranze nació en Santa Cruz el 14 de diciembre de 1937
 Cuando aún era muy joven decidió marcharse a Venezuela para buscar fortuna. Sus amigos le convencieron de que viajara para poder conseguir dinero, aunque él reconoció en varias ocasiones que había sido una locura. Se escondió en un barco y en él paso nueve días. Lloró muchísimo al darse cuenta de lo que había echo.
Un perro estuvo a tiempo de descubrirle. Cuando la nave llegó a Venezuela se deslizó por el cabo y se hizo pasar por personal, sin que nadie finalmente lo descubriera. Pero al año regresó a su tierra, porque echaba de menos todo lo que dejó allí. Mientras estaba en Venezuela vio en la televisión a una comparsa de Brasil. Y en ese mismo instante decidió que quería hacer algo igual en Santa Cruz y que no descansaría hasta lograrlo. Le encantaba la fiesta, bailar y tocar instrumentos, por lo que para él cumplir su sueño no parecía difícil. Cuando regresó a Tenerife, comenzó a trabajar en su proyecto y en el año 1965 fundó la comparsa Los Rumberos. A partir de entonces nació en la Isla el movimiento comparsero en el Carnaval, y fue a partir de entonces cuando empezaron a surgir diferentes comparsas.

En 1973 Los Rumberos dejan de participar en el concurso porque a Monzón no le gustaba, él prefería pasárselo bien, llevaba la parranda en la sangre, y lo de tener que preparar a un grupo para un certamen quitaba todo el encanto. En el año 1992 Manuel Monzón se jubila y sus hijos Roji y Juan José Monzón Gámez se encargan de la comparsa, que regresa al concurso. A Monzón le encantaba que lo llamaran el padre de las comparsas, se sentía muy orgulloso de serlo. Tras un dolor en el estómago, le diagnosticaron un cáncer de páncreas. Monzón se derrumbó y no quería salir de casa. Sus amigos y familia le dieron fuerza. Y sus nietos siempre le arrancaban una sonrisa.

La Opinión de Tenerife
Eloísa Reverón

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