Los grupos de La Salud han pintado la fachada de su local, cada uno con una alegoría, para enmascarar la desidia municipal.
Si en la década de los años sesenta las murgas utilizaban el parché de su bombo para estampar el nombre y el anagrama de cada una, en los últimos años esta costumbre se ha dejado en el olvido y ha evolucionado: ahora lo que se pinta es la fachada de los locales. Esto es lo que ha ocurrido esta edición en la mayoría de los locales de grupos del mercado de La Salud.
Entre las formaciones carnavaleras pioneras en pintar su fachada se encuentra Guachipanduzy, allá por el año 2003, cuando un componente se atrevió a alegrar la fachada. Fue un trabajo de Josito "Picasso", por entonces componente de la murga que lidera el carismático Luis Mariano González.
Poco a poco, la moda de pintar la fachada se fue extendiendo. Así, en el mercado de La Salud la secundaron los componentes de la agrupación musical Teiderife -con su inolvidable Ángeles Couto al frente-, igual que las murgas de niños como Guachipanduzy infantil o Pita Pitos...

Estos días, visitar el mercado de La Salud, la zona de los locales, es adentrarse en un mundo multicolor, donde cada uno ha puesto su granito de arena para, con su arte y visión particular, "disfrazar la desidia municipal", coinciden en destacar los carnavaleros que allí ensayan. "Aquí, el ayuntamiento se limitan a un lavado de cara, por la zona donde se ve y ya está", para lamentar la falta de iluminación, la ordenación de aparcamientos y de seguridad... Estampar el nombre y logotipos en la pared es una forma también económica para dar a conocer quien ensaya en cada local y, sobretodo, evitar los actos vandálicos que algunos, como la infantil Desinquietos, han sufrido son su rótulo. "Lo pusimos de hierro y también nos lo terminaron rompiendo". A esta moda se han sumado buques insignias como la comparsa Rumberos, y noveles, como Burlonas.
Humberto Gonar
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