RICARDO MELCHIOR NAVARRO. PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE Con el fallecimiento de Manuel Monzón Mingorance perdemos a una de las cabezas pensantes de nuestras fiestas invernales. Con su marcha, despedimos al ideólogo, soñador y artífice principal del nacimiento y difusión del movimiento comparsero, que tanto brío le ha reportado a esta celebración popular, para regocijo de propios y extraños. Porque es la comparsa el grupo con el que cualquier ciudadano del mundo identifica con más nitidez nuestro Carnaval.
Enamorado de Tenerife, sufrió la añoranza propia de quienes tuvieron que buscar en Venezuela un porvenir mejor, lejos del terruño natal. Pero fue allí donde encontró la inspiración necesaria para idear este tipo de agrupaciones, con raíces en la amplia variedad musical del continente americano, pero tocadas de una forma singular en la interpretación. Nacía así un concepto diferente de la antigua comparsa del siglo XIX, con Monzón en funciones de maestro.
Dijimos en abril pasado, cuando le fue entregado el título de Hijo Ilustre de la Isla, en reconocimiento a su dilatada trayectoria, junto a su aportación y permanente implicación con el Carnaval, que esa singladura habría de servir como modelo de trabajo, superación y constancia. Porque fueron esas virtudes, entre otras, las que distinguieron a Manolo Monzón. De ahí que le hayamos profesado nuestra admiración, aprecio y respeto, igual que a toda su familia.
Con su marcha perdemos a un entusiasta creador del folclore isleño, pero sobre todo a una persona noble y sencilla, ejemplo vivo de lealtad a la Isla y sus gentes. Nos deja un legado impagable.
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