La primera sorpresa de la noche justo con Los Rebobinados, murga infantil encargada de inaugurar la velada y que fue ganando fuerza a medida que avanzaba su actuación. En su primera canción, La Hucha, se encargaron de ahorrar porque para salir de casa "hace falta dinero", pero en cada moneda un buen golpe como que "haya más letras infantiles" en el concurso. Y no les falta razón, como tampoco les falla en el final de su tema en el que recuerdan que los euros también son necesarios para estudiar en la universidad. Una gran idea que no terminaron de explotar, pero no ocurrió lo mismo con su segundo tema que rozó la brillantez. Emularon un viaje de fin de curso en el que recorrieron todas las islas del Archipiélago y encima lo hicieron aunando las dos banderas murgueras: crítica y humor. Si en Gran Canaria se dieron cuenta de que todo era amarillo así que apostaron por llevarle "creyones para que les den más color", en La Gomera defendieron la enseñanza de Silbo en los centros escolares. Y para rematar el tema, un canto en defensa de Tenerife y del cuidado del entorno. Depende de otras murgas, pero no sorprendería que entraran en el podio.
Tras ellos, llegó el turno de Pita Pitos, cuya actuación fue decreciendo con el paso de los minutos, aunque no perdieron la buena armonía. Un poco de esa crítica que deben cantar las murguitas, en torno a temas infantiles, fue la elección de su primera canción, en la que tuvieron una clara diana: la comisión de Fiestas. Desde la organización de la Cabalgata de Reyes, a los recortes en sus grupos y las diferencias con las murgas adultas, pasando por la similitud del cartel del Carnaval con la campaña de una marca de perfume. En su segunda canción pagaron el riesgo de cantar como bebés. La interpretación en ese lenguaje provocó que fuera demasiado difícil entenderles, pero al menos hicieron participar al público con un sencillo juego de "verdadero o falso".
Los terceros en salir al escenario fueron Los Piratas, que se estrenaron en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife como es lo normal: con muchas ganas y mucha ilusión y con algunos errores en la interpretación. Pero que a nadie se le ocurra criticar a la murga porque con menos tablas que la mayoría son de las pocas que pueden presumir de una vocalización perfecta.
Directos desde Tacoronte llegaron los Raviscuditos y lo hicieron exigiendo su sitio en la fiesta de Santa Cruz. "Quiero un Carnaval contigo", insistieron los pequeños en su primer tema. En su segunda canción se disfrazaron de fantasmas y contaron una "historia real" que les ocurrió en un excursión.
Y llegaron los flamantes vencedores del pasado Carnaval. Distraídos pisó el escenario con la misma fuerza que el año pasado con una preciosa presentación en la que cataban a un pequeñín de la murga lo que vivirá en las fiestas. El primer tema se convirtieron en Adiestradores de mayores para explicarles a los adultos lo que hacen mal. Especialmente aplaudidas sus alusiones a la irresponsabilidad de los mayores al volante y la defensa del acento canario, enseñando como un loro a aquel que se reía de Yahel (el niño del Cola Cao). En su línea innovadora, Distraídos se elevaron por encima del resto, y no solo metafóricamente. Los chicos se dividieron en tres: papá, mamá y los hijos, y así contaron situaciones cotidianas en una familia. Gran final resumiendo las actuaciones de las murgas que les precedieron. Y nuevamente, grande su director. Capacitados para repetir el éxito.
A Castorcitos le tocó el difícil salir detrás del huracán distraído, pero lo hicieron con soltura. Exquisitos en la selección musical, interpretaron un tema curioso en el que con unas gafas veían todo lo que está mal y al quitárselas, el lado bueno. En el segundo, se trasladaron a una granja para hacer reír con un cuestión nada manida en las murgas. Muy valientes.
Cerró la fase la murga Paralepípedos que lució una fantasía de las de antes. En su primer tema, eligieron ser presentadores de un programa de televisión para dar voz a los problemas de los más pequeños, incluido que "no gusta el potaje de berros" o "pesa la mochila del cole". Con la misma potencia, en el segundo se convirtieron en superhéroes para imaginar cómo le iría en el colegio con un remate emotivo: el héroe real es la madre. Eso antes del preceptivo canto de amor al Carnaval.
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