Los empresarios que, tradicionalmente, se establecían en esta zona ya no ven en ella un negocio redondo como fue en otras épocas. Jorge Quintero lleva 16 años dedicado a gestionar el ocio nocturno en el Carnaval justo en esa zona y, este año, ha decidido no invertir en ello.
Da un dato significativo: en la última década la facturación ha bajado un 80% y eso, unido a otras circunstancias, ha hecho que abandone la idea y no pujará por establecer sus barras en esta zona famosa. “Yo, para perder dinero no monto toda esta infraestructura”, sentencia el empresario.
Su socio, Eduardo Echeto sí que mantendrá el negocio y volverá a poner música y a servir copas en esa zona, “siempre que la puja me lo permita”, matiza. Eso sí, es realista: la cosa está complicada y la facturación es mucho menor que en otros años, por lo que deberá ajustarse más. Critica que el Ayuntamiento no haya decidido bajar los precios pese a que las circunstancias hayan variado tanto.
“Anunciaron que no los subían pero, muchos creemos que debían bajarlos”, afirma el empresario de la noche.
Jorque Quintero y Eduardo Echeto coinciden en que el meollo del Carnaval se ha trasladado a la zona alta de la calle Castillo. Una circunstancia que hace que el gran momento de la calle San José y del Corinto haya quedado un poco atrás. Esa zona era famosa hace solo unos cuatro o cinco años por ser el lugar donde se establecía los carnavaleros más maduros y quizás, también, donde más mezcla de edades había. En los dos o tres años anteriores, sin embargo, este público se ha ido trasladando y a esta calle acuden personas más jóvenes.
Jorge Quintero critica duramente la sensación de inseguridad en esa zona pues “el año pasado en una misma noche tuve más de 20 peleas y ni la Policía Local ni la Unipol sirvieron para solventarlas”. A esta crítica añade que, posteriormente, los cuerpos de seguridad locales “sí vinieron pero para mandarnos a cerrar por el tema de la música”.
Ante todas estas circunstancias, para Jorge Quintero está claro que El Corinto ya ha dejado de ser negocio. Pero, es posible, que junto con el negocio haya dejado de ser también el punto de encuentro de muchos carnavaleros de pro que bailaban en esa esquina.
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