Ramón Guimerá Peña (Santa Cruz de Tenerife, 1957) era el director de la murga infantil Piotinos cuando, junto con Lengüines, Peque Chicharreros, Miniboys, Trapisondas e Increíbles, se celebró el primer concurso de esta modalidad, en 1972. Ha sido murguero, comparsero, historiador y, hace dos meses, miembros del consejo rector del Organismo Autónomo de Fiestas. Guimerá es firme defensor de la final en las murgas infantiles, entre otras cosas porque, según dice, al jurado, salvo una actuación memorable, le cuesta recordar a aquellos que cantan en la primera fase.
¿Se ha perdido la historia del Carnaval?
Afortunadamente no, pero tenemos asignaturas pendientes y que la organización no debe demorar su aprobación. Por una parte, sacar del olvido esa historia. Ahora se está homenajeando a gente que ha hecho mucho por el Carnaval, pero ha quedado en el olvido otra que ha hecho igual o más; sin ir más lejos hace un par de años murió el maestro Fariña y pasó totalmente desapercibido, una persona que estuvo vinculada a las rondallas desde los años sesenta y con Tronco Verde. Igual con Navarrito, el padre de los letristas e inventor del doble sentido y de la ironía.¿Alguna asignatura pendiente en la historia del Carnaval?
Tenemos que recuperar el protagonismo a nivel internacional y, sobre todo, a nivel nacional. Santa Cruz de Tenerife tiene que ser el padre de los carnavales; de hecho, todos los carnavales de Canarias fueron gracias a Tenerife, ya que utilizaron el eufemismo de Fiestas de Invierno, sea de Agüimes, Telde, Puerto de la Cruz o San Sebastián de La Gomera.
¿Es partidario de poner el Carnaval en una fecha fija?
No echaría un pulso a la historia, seguiría celebrando el Carnaval según marca el calendario lunar, que marca la Semana Santa y, por tanto, el Miércoles de Ceniza, que es uno de los actos más genuinos del Carnaval tinerfeño. Es una referencia histórica a nivel mundial y no se debería cambiar. Estaba en contra de cambiar de fecha el entierro de la sardina.
¿El Carnaval de Santa Cruz goza de buena salud?
Sí, porque tiene un ingrediente fundamental: el pueblo. El santacrucero vive el Carnaval como el lagunero la Semana Santa, forma parte de su idiosincrasia. De hecho, el Carnaval relega la fiesta patronal a un segundo plano. Una seña de identidad es cómo el pueblo se divierte de forma sana.
¿Es partidario de recuperar la final para el concurso de murgas infantiles?
Sí. Fui promotor del concurso de murgas infantiles, y en mi época los niños de 15 años eran pocos porque tenían vergüenza de cantar con los más pequeños. Ahora es al revés, priman los de más edad. Si en la época mía no me parecía sangrante la desilusión de un niño por llevarse un premio, cuando la mayoría tenía 12 años, menos lógico me parece que no se haga la final de murgas infantiles porque niños de 15 o 17 años pueden llorar. La final infantil dio un auge popular a las murgas infantiles y es un error que no se celebre. Un concurso con 24 murgas, sin eliminatoria, va en detrimento de los primeros en cantar. Como representante del colectivo en el jurado me he dado cuenta de que le cuesta recordar a los primeros en actuar, salvo que sea un repertorio memorable. Contar con una final infantil ayudaría a que el premio sea más justo.
Son ciclos. Parece que estamos entrando desde hace unos años en una dinámica que evita asuntos lacrimógenos (peso de la mochila, los abuelitos en el asilo o los niños del tercer mundo) y ahora reivindican los problemas que les afectan. Lo negativo: el empeño de las murgas por tener un tema crítico y otro de humor, y no lo entiendo, como tampoco comparto que solo hagan dos temas; en mi época cantamos hasta once, es verdad que eran de 3 minutos y monotemáticas y una sola música. Ahora, los que están contra la final dicen que lo hacen para no obligar a los niños a aprenderse cuatro canciones, cuando se aprenden las cosas mejor que los mayores y con más ilusión. Aplaudo a quien hace crítica y humor en el mismo tema, y más si no es pueril.
No soy partidario de cerrar cupo ni de aumentar la edad en murgas infantiles. Estamos convirtiendo a las murgas infantiles en adolescentes. Ni me gusta que las murgas infantiles sean cada vez más adolescentes ni que las adultas sean cada vez más infantiles. Hay una hipocresía: las murgas rechazan cerrar el cupo, pero no quieren que el montante económico de subvenciones de 20 grupos se reparta entre 23 o 26, compartiéndolo con los nuevos. O sea, que les toque a menos. Y la administración, como no tiene dinero para más grupos, pues decide cerrar el cupo. Todos los vetos me parecen fatal y más en Carnaval. Hay que buscar fórmulas para que todo el que quiera pueda salir y que las murgas sean consecuentes con lo que cantan.
Hay que recuperar y potenciar la máscara, con experiencias similares tal vez a la que se hizo cuando se cerró la calle de La Noria para todos los que acudieran con máscara; potenciar el baile de matiné para los mayores de 50 años, con la música de su época; impulsar las rondallas y revitalizar el Carnaval infantil, con su desfile propio.
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