En cuanto a las candidatas, dice que deben desprender Carnaval por todos sus poros. Es lo que él llama “tener un puntito ordinario”. “Como la Reina de 2008 que era espectacular”, comenta. Se refiere a Ana María Tavárez, cuya insolente presencia en el escenario no dejó indiferente a nadie.
Hace años que Dávila está retirado de la Gran Gala: “A medida en que los trajes empezaban a crecer en volumen yo fui retirándome porque supone un esfuerzo muy importante trabajar con esas estructuras”. Reconoce que hoy en día es mucho más sencillo elaborar las fantasías porque los materiales existentes facilitan la labor.
“La silicona es una bendición, ya que no hay que coser casi nada”, asegura. “Antes pasábamos horas y horas cosiendo lentejuelas con la ayuda altruista de amigos”, apunta. No obstante, la originalidad de los diseños e inventar algo nuevo que no esté visto dentro de la fiesta es por el contrario muy complicado con el paso de los años.
La Gala de Elección de la Reina, en cambio, no se la perderá. Al igual que en últimos treinta años con muchos otros directores, el miércoles día 15 de febrero, observará con ojo crítico lo que haga Juan Carlos Armas, a quien agradece que se haya acordado de homenajear a los diseñadores del Carnaval. De ellos, el diseñador tiene un especial cariño a Isabel Coello, creadora pionera, de quien recuerda “los maravillosos tocados que traía de Madrid en los setenta y ochenta”, en aquel tiempo en que la indumentaria de la Reina era liviana y manejable.
Al espectáculo de la Gala, dice, “hay que darle una vuelta de tuerca porque ha de servir para vender el Carnaval fuera, y lo que venden son los trajes y las comparsas. Dar tanto protagonismo a todos los grupos por el mero hecho de que se paseen por el escenario está bajando mucho la calidad”, asegura Dávila.
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