"Estoy desde las doce y media de la noche de ayer [por el martes]. Y desde esta mañana nos vamos turnando entre todos cada cinco horas", señalaba al mediodía el padre de Valkiria, parapetado con una cazadora de paño y con un gorro de lana en la cabeza junto al punto de información turística. El grupo de 30 personas había llegado de Moya.
Las entradas, que no están numeradas y que sólo se darán cuatro por persona, salieron a la venta a las ocho. Se podrán comprar de lunes a vienes de 10 a 13 horas y de 17 a 20 horas en taquilla, aunque el pasado año al mediodía ya no quedaban casi entradas y eso que había 500 asientos más que en este Carnaval en la grada delante de la Casa Fataga.
Tras los de Moya, Raisa Cabrera, de Guanarteme. "Mi vecina Mari hizo la noche y yo vine esta mañana sobre las 10.30". A su lado Vitoriano Álvarez, pensionista, guarda sitio sentado en un sillón de mimbre. Junto a él otros tres jubilados con sillas de los jugadores de dominó. En hamacas esperan turno Raquel, Lourdes y Darío Rodríguez. No son familia, pero en pocas horas y con el mismo apellido como si lo fueran. El arrimao Castro Martínez.
Ellos habían llegado a las diez de la mañana, pero ya tenían claro que querían ir a la primera fila de tarima. "Estoy engarrotá, heladita de frío. Esta noche me pongo leotardos y me empaqueto", comentaba Raquel, que hoy tendrá que ir al cardiólogo.
"Es la ilusión la que nos mantiene activos", comentaba el grupo, que protestaba por la decisión de la organización del Carnaval de no haber numerado las entradas, lo que obligará a los fans a hacer cola el día de la Gala para escoger el sitio deseado. "Viene el PP y lo cambia todo. Como eso de hacer el entierro de la sardina el martes. ¿Dónde van a ir las viudas un martes?", puntualizaba Raquel.
Un grupito tras la familia Rodríguez protestaba también por que 30 personas de Moya se turnasen para conseguir entradas. "O que haya un segurita o que repartan números".
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