–¿Se hace justicia con este galardón o es un premio que hace justicia a la trayectoria de los últimos años?
–Yo creo que el jurado no ve una trayectoria sino que se fija solo en las canciones de este concurso. No sé si se hace justicia, al menos nosotros estamos contentos con lo que hicimos. El jurado es el que decide.
–Pero en varios de los últimos concursos se les había dado como ganadores morales…
–No, un año y otro no tienen que ver. Lo único que hace es subirte el nivel de exigencia.
–Aún así, con primeros o sin ellos no han cambiado el estilo…
–Porque no sabemos hacer otra cosa. No nos cegamos en hacer algo concreto, sino lo que nos nace. No nos obsesionamos con los estilos.
–Supongo que este primer premio posee una carga más emotiva que cualquier otro…
–Sí la tiene por haberse ido el componente más carismático que hemos tenido nunca. El Cotena no tenía ningún cargo, pero era un sello de identidad, una persona enorme, querido en todos lados, amigo de los viejos, y que ayudaba a los jóvenes. Es el componente más importante que ha tenido Bambones en su historia.
–La sensación general es que han ganado sin dejar una canción que quede para el recuerdo estilo Escuelita o Discapacitados…
–Eso sí, pero para nosotros quedarán todas. La del jurado significa el fruto del trabajo del año porque cambiamos varias músicas y la supimos defender. El tema de los recortes es el que más le gusta a la murga porque nos identifica, con letra, con contenido. La de indignados nos gusta por el significado social que tiene; y la del fin del mundo era de la que menos esperábamos pero ha encantado.
–Al menos con el primer premio nadie le podrá decir que se equivocaron en la elección de las canciones para fase y para final…
–No, todavía hay gente que aún nos lo dice, pero para nosotros es hasta divertido. Nos lo tomamos como que se podía haber mejorado, no por llevar algo malo a la final.
–A nivel global, ¿tiene la sensación de que ha habido este año un retroceso general en las murgas?
–Creo que cada vez intentamos ser menos murga para alejarnos de lo que es su significado: interpretar canciones basadas en una letra y en las voces. Se le da más fuerza al complemento que a la propia letra. Lo que antes era el decorado es ahora la base principal de la canción. Se basa todo en el número y en el vestuario. Las murgas están derivando hacia el espectáculo visual. Puede gustar más o menos, aunque a mí, particularmente, no me agrada.
–Pero Bambones no entra en eso…
–En la final nos quedamos con el disfraz completo solo dos murgas. Creo que es significativo. Somos partidarios de decorar las canciones, realzarlas con algo delante, como hicimos con el jurado, indignados, o por ejemplo la chirigota, aunque el contenido de la letra sigue siendo lo principal. Pero la tendencia es al revés y las murgas piensan que si no se ponen determinado vestuario la canción no tiene significado. Es una tendencia como la que en su momento hubo con el humor.
–Después de lo escuchado en las fases y en la final, pocos se creerán que las relaciones entre Bambones y Diablos son buenas…
–Son normales, como cualquiera entre dos murgas; no han cambiado para nada. No somos una murga de estar hermanados con nadie, sino que nos llevamos bien con todas. Eso creo, aunque no lo parezca por el lado contrario, no por el nuestro. Nosotros no hacemos ninguna chuletada conjunta, ni nos vamos de fiesta ni de viaje, ni con ellos ni con ninguna. Nos llevamos bien, razonablemente bien, correctos.
–¿Y por qué resopló tras su actuación de la final?
–Estaba cansado. Yo ya tengo una edad y me canso, y cuando me canso, resoplo.
–Pero al margen de ese pique entre Diablos y ustedes, este año ha vuelto a renacer la costumbre de cantarse entre las murgas. ¿Qué se saca con ello?
–Esa pregunta hay que hacérsela a otras personas, aunque me ha sorprendido que este año se hayan repetido mucho las palabras Carnaval y Bambones. Es un orgullo para nosotros que seamos motivo de inspiración para muchos letristas.
–Con lo del viernes, ¿murió el Estadio?
–Entre que el Tenerife bajó a Segunda B y la final, sí. Seguramente volvamos al Recinto, que es el lugar menos malo.
–¿Y qué otras alternativas barajan ustedes?
-El Muelle o la explanada del Parque Marítimo, que no estuvo mal. Pero según los técnicos y los políticos no se puede repetir allí por presupuesto e infraestructuras.
–¿Qué sensaciones tuvo en el escenario?
–Muy buenas, aunque cuando llegas al Estadio y ves el césped lleno, pero las gradas casi vacías te entra un sentimiento de desamparo y de tristeza. Es como algo gélido. Seguramente sea la segunda final con más espectadores de la historia, pero la sensación es que fue poca gente. Las murgas no están hechas para este tipo de recinto como por ejemplo AC/DC para un teatro. Un año vale; el segundo sobraba, y ahora espero que no piensen que a la tercera es la vencida.
–Dentro de lo poco que habrá visto, ¿le sorprende Trapaseros?
–No me sorprende porque es una murga muy currada, con mucho empeño e imaginación. Es una murga grande, con muchos componentes y fuerza. Lo que mejor les define es la constancia y el trabajo, y eso tiene sus frutos. Son un ejemplo a seguir.
–¿Hubiera sido coherente no dejarlos participar en Santa Cruz en 2013 si el sábado no hubiesen ganado en el Norte?
–Habría sido algo extraño que un segundo premio no pudiese ir a Santa Cruz. Es algo para estudiar.
–¿Y si Trapaseros hubiese quedado por encima de Bambones en el concurso de Santa Cruz?
–Pues nada, los felicitamos y ya está, hasta el año que viene. Tenemos una relación muy correcta con ellos.
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