sábado, 11 de febrero de 2012

Norias y cochitos locos con historia

La noria de la capital ya gira.Tras la vertiginosa noria, los cochitos locos o el divertido pulpo que cada año acuden al Carnaval de Santa Cruz y que ayer abrió sus puertas se encuentran las historias de un grupo de feriantes que han entregado su vida a este trabajo. Se trata de una labor que les aleja con frecuencia de sus familias, ya que tienen que pasarse casi todo el año durmiendo en una caravana. Ahora están junto al intercambiador de guaguas y en la avenida marítima de Santa Cruz de Tenerife. Tras días de trabajo, ayer encendieron las luces de sus atracciones.
Juan Rafael García cuenta que su profesión truncó su vida familiar. "Nos tuvimos que separar porque aquí es imposible llevar una vida normal. Aunque la gente no se lo crea, esto es muy duro. No es como el circo, donde casi todo el mundo está por devoción. A nosotros no nos queda otro remedio que trabajar en esto, alguien tiene que hacerlo y mucho empleo no hay", manifiesta.
Este tinerfeño es feriante desde hace 25 años. Ahora se encarga de tres atracciones: el dragón, el pulpo y el saltamontes. Cuenta que comenzó en este mundo cuando apenas era un chiquillo. "Dejé de estudiar y el único trabajo que encontré en aquel entonces era esto. Luego intenté dedicarme a otras cosas, pero no me quedó más remedio que volver. No es fácil soportar estar casi siempre fuera de tu casa, la lluvia, el viento, el frío, estar todo el día en la calle y aprender a vivir en ella para saber con quién puedes estar y cuándo debes huir...", añade.
Juan Rafael García recorre las siete Islas de feria en feria y de fiesta en fiesta para poder comer. Ahora uno de sus dos hijos trabaja con él, pero espera que vuelva a estudiar. "No quiero esta vida para mi hijo", sentencia.
Francisco González es otro de los feriantes que participa en el Carnaval de Santa Cruz. Trabaja en los cochitos locos y durante el año recorre distintos municipios de Tenerife de fiesta en fiesta. González coincide en que se trata de un trabajo muy duro, al que adaptarse es muy difícil. "Pero cuando no queda otro remedio... La gente dice que estamos aquí porque esto nos gusta y puedo asegurar que eso no es así. Estamos aquí para poder comer", comenta este hombre.
Quien también se encuentra en la feria para poder conseguir algo de dinero es Danut Vasile Petre. Es rumano y trabaja desde hace dos años en la atracción Proyect 1 con la que recorre la Península y las Islas. "Tienes que acostumbrarte a esto y llevarlo lo mejor posible. De momento, es lo que hay", dice.
Los feriantes coinciden en que la crisis se está notando demasiado y se quejan por el "elevado" canon que tienen que pagar al Ayuntamiento de Santa Cruz por ocupar el suelo, entre 4.000 y 9.000 euros. Subirse a la noria, por ejemplo, cuesta 3,50 euros, y el último día se pone casi todo a un euro.
La Opinión de Tenerife Eloísa Reverón

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