Puntual y hasta organizada. Así se inició la Cabalgata y, con ella, el Carnaval llega a su máximo apogeo. Los chicharreros tienen tantas ganas de fiestas que hasta aplaudieron a los agentes de la Policía Local que abrían el desfile. Y siguieron aplaudiendo al menos hasta el primero de los ya habituales parones que cada año estropean este acto de la fiesta en la calle, a pesar de los esfuerzos de la organización por que todo salga según lo previsto.
Unas 20.000 personas entre componentes de grupos, candidatas, personajes y espontáneos participaron en el recorrido, que estaba flanqueado por unas 100.000 personas, según Fiestas. De hecho se apelotonaban a los lados de las calles céntricas de Santa Cruz con los más pequeños disfrazados y deseosos de hacerse con cualquier caramelo que saliera disparado. Y hasta quisieron sisar alguna pluma a las comparsas.
No podía ser de otra manera. Hay dos cosas que indican que llega la Cabalgata: las luces de la Policía Local y el sonido del bombo y platillo de la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá. Es de los pocos grupos que no necesita presentación, pero aún así, a su paso el público se reafirma: "Es la Fufa".
Tras la murga más querida del Carnaval, empezó el desfile de los más pequeños: murgas infantiles, agrupaciones coreográficas y las cuatro damas de honor y la Reina Infantil, Aida Quintero, subidas en sus carrozas y sonrientes como pocas. El público, mientras tanto, seguía animado e intentaba analizar con detalle cada fantasía. Pero fueron los más pequeños de los niños los que robaron el corazón a los asistentes: las mascotas de las murgas infantiles, que apenas levantan un palmo del suelo o incluso van en carrito, no podían provocar otra reacción que un "vaya monada".
Pero el buen humor duró poco. Tras la cantera del Carnaval, que más o menos logró ir ágil, llegaron los grupos de mayores, acompañando a la Reina de la Tercera Edad, Carmen García, y a sus dos damas de honor.
Y después el desespero. Algunas agrupaciones musicales, que por la batucada se confundían con las comparsas, iban arropadas por un buen número de mascaritas y espontáneos. Pero con ellos empezaron los huecos, parones interminables aprovechados por los niños para correr de un lado a otro y, de paso, ocupar un poco más la calzada ante el desespero de Protección Civil.
Tal fue el espacio sin Cabalgata que si no fuera porque la Reina del Carnaval, Carmen Gil, no había pasado, podría pensarse que el desfile hasta había terminado. Eso sí, cuando la joven logró atravesar Galcerán, el recorrido volvió a tomar algo de brío, casi al ritmo de las comparsas.
Precisamente, la batucada de Joroperos (y un hueco inmenso) era lo que separaba a Carmen Gil de la Primera Dama, Guacimara Afonso. La candidata de McDonald´s y la opinión de tenerife, como el resto de las chicas, se abría paso entre gritos de "guapa" y aplausos. Y eso que su fantasía no lució al completo: su altura le hubiera impedido atravesar la catenaria del tranvía.
Tras ella, el resto de las damas salpicadas entre comparsas, que como viene siendo habitual llegaron rodeadas de un sinfín de jóvenes noveleros que participan en la Cabalgata solo por bajar bailando con los grupos más animados del Carnaval chicharrero. Entonces, y a pesar de que son ellos los que más paran a ofrecer al público parte de su coreografía, el desfile volvió a tomar agilidad.
El colorido no faltó, entre las fantasías que durante las semanas pasadas se han dejado ver en los diferentes concursos y las mascaritas, más originales que nunca, se mezclaron con los que este año serán los reyes de la fiesta en la calle: los jipis. Símbolos de la paz y flores multicolores inundaron las céntricas calles santacruceras, también los coches engalanados, los vehículos que acompañan a las agrupaciones coreográfica y hasta las carrozas. Precisamente, estas últimas fueron las encargadas de cerrar el desfile, con paso presto a ubicarse en cualquier esquina de Santa Cruz para hacer bailar a los carnavaleros hasta el próximo domingo de Piñata.
Pero antes de que llegara la música que anuncia el baile, relegadas al final como cada año, desfilaron las murgas. También ellas recibieron el aplauso del público, pero con el ánimo de que ya quedaba menos para que el Carnaval saltara a la calle. Los murgueros son los primeros que anoche aprovecharon su participación en la Cabalgata como excusa para entregarse a la primera noche de las carnestolendas.
A pesar de que el desfile fuera intermitente, las autoridades parecían hasta estar pasándolo bien. Tanto el alcalde la ciudad, José Manuel Bermúdez, como el propio concejal de Fiestas, Fernando Ballesteros, se hartaron a aplaudir a los grupos que hacen grande el Carnaval. Junto a ellos, apenas un puñado de ediles más y muchos amigos –sobre todo pequeños disfrazados que dieron color a la grada dispuestas para ellos en Méndez Núñez–. De todos los concejales, tan solo Fernando Ballesteros vistió un poquito de Carnaval: unas gafas azul eléctrico con las que tuvo ocasión de no perder detalle y así mejorar para el año que viene.
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