sábado, 25 de febrero de 2012

Una homenaje a las lecheras de Tenerife

La Lecherita en la redacción de la opinión de tenerife.Cuando llega el Carnaval de Santa Cruz se la puede ver por cualquier rincón de la capital, repartiendo su alegría entre cántaros de leche. Y así lleva ya 29 años, amando a esta fiesta y formado parte de ella. No hay nada en este mundo, pase lo que pase, que le pueda quitar las ganas a la Lecherita de salir durante los Carnavales, según cuenta.
Desde hace siete ediciones de la fiesta la Lecherita incluye en su recorrido novelero –además de estar en la Gala, Coso, Cabalgata y en todos los actos y concursos que puede– la visita a la estatua dedicada a las viejas lecheras situada junto al Mercado Nuestra Señora de África, y en esta ocasión también acudió a su cita. Lo hizo el jueves y durante una hora y 20 minutos permaneció inmóvil junto a la escultura, y tanto los que la conocían como los que no, entre ellos muchos turistas, se acercaban para hablarle y echarle algunas monedas.
Tras hacerle compañía a la solitaria estatua, La Lecherita acudió al Mercado a saludar a todos los trabajadores y a continuación se acercó hasta la redacción del periódico la opinión de tenerife. Aquí contó que no le gusta que la gente le eche monedas porque todo lo que hace es debido a la pasión que siente por el Carnaval.
"Lo que ocurre es que yo no puedo abrir la boca durante todo el tiempo que permanezco inmóvil junto a la escultura de la lechera porque lo decidí así, por respeto. Por eso, no le puedo decir a los ciudadanos que no me tiren euros, porque la verdad es que me molesta, ya que esto lo hago por el Carnaval y no para recaudar dinero. Pero bueno, ahora me voy a la calle de La Noria y me tomo una cuartita de vino y un bocadillo con lo que me han dado y brindaré por todas esas personas", explicó la Lecherita.
Cuando este personaje carnavalero llega a su casa, ya con dolor de pies de todo lo que ha caminado, y apenas sin voz porque se ha parado a saludar a todo aquel con el que se ha tropezado, se quita su disfraz y aparece Francisco Mendoza, un chicharrero que no puede vivir sin el Carnaval.
Francisco comenta que todo empezó cuando era muy "chico". "A mi padre, que era empleado de la Refinería, le dieron una casa en Tío Pino. Allí vi por primera vez a las lecheras, unas personas muy entrañables para mí. Venían desde distintos puntos de la Isla para vender su leche por las casas. Mi pandilla y yo nos hicimos muy amigos de estas mujeres y las ayudábamos a subir los cántaros. Ellas nos daban dos pesetas y media de propina y para nosotros eso era un sueldo. Gracias a las lecheras íbamos al cine, comprábamos golosinas..., y les cogí un cariño impresionante. Por eso decidí que el resto de mi vida dedicaría un periodo del año, el del Carnaval, a hacerle un homenaje a estas mujeres", explica Mendoza.
Francisco Mendoza, el hombre que se esconde tras la Lecherita, lleva toda su vida trabajando en el Hotel Mencey, como pastelero y encargado del mantenimiento de la piscina, entre otras funciones. Y cada año pide sus vacaciones en febrero para poder convertirse en el personaje que tanto admira y adora. "Quiero aprovechar para agradecer a la nueva dirección del Mencey que haya respetado mi petición de descansar en febrero para disfrutar del Carnaval. Ellos, que son nuevos, no me conocen de nada, y aún así me siguen dando esta posibilidad", indica Francisco Mendoza.
Ahora tiene 54 años pero quiere seguir 71 años más en el Carnaval, afirma mientras sonríe. "Mucha gente me dice que cada año estoy más joven. Debe ser porque me lavo la cara con leche", bromea Francisco Mendoza.
La Opinión de Tenerife Eloísa Reverón

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