Esta falta de apoyo hace que cada vez les sea más difícil salir al escenario. «Nos sentimos un poco ninguneados, ya ni se televisa el concurso y eso que cuando hay que promocionar la fiesta siempre llaman a una comparsa. No lo entiendo, a este paso terminarán por eliminar las comparsas. Necesitamos más apoyo y unión entre las que sobrevivimos. Si no salimos en la tele es más difícil que nos salgan galas con las que poder mantenernos», añade Espino. Y es que el vestuario de este año, que ronda los 18.000 euros, ha salido gracias al apoyo de algún patrocinador (menos que en años anteriores) y por el esfuerzo de sus integrantes. Este panorama se repite en el resto de agrupaciones.
«Llevamos cuatro meses ensayando sin parar, y buscando financiación por todos lados para mantener nuestro nivel. Nuestro objetivo es competir con nosotros mismos, superarnos», afirma Toni Espino, coreógrafo y diseñador.
Para hacerse una imagen del trabajo que hay detrás de una comparsa basta un único dato. Cada tocado de este año lleva semana y media de trabajo. «Los parapetos tienen un peso de entre 16 y 20 kilos, en movimiento puede triplicarse el peso y hay que saber moverlo con gracia y al ritmo de la música», añade. El próximo 8 de febrero, a las 20.30 horas en Santa Catalina intentarán seguir haciendo historia en el carnaval de la capital grancanaria.
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