jueves, 31 de enero de 2013

Disfraces de éxito y desconcierto


En el mentidero carnavalero de las mamás, las primeras en ponerse las pilas con las fantasías, por eso de que los colegios son los que se adelantan al divertido acontecimiento, ya tienen claro cuál será el disfraz que hará furor este año sobre la pista callejera de Las Palmas de Gran Canaria: el cantante coreano Psy, quien ha revolucionado las redes sociales con su canción Gangnam Style al ritmo del trote de un caballo. Quien más o quien menos ya tiene la confección de su mascarita en proceso o al menos piensa en el atrezzo. Pero decidirse por una u otra careta para el Gran Baile de Máscaras no es nada fácil. Mucho menos si la decisión es entre amigos. La elección puede ser un rotundo éxito o un estrepitoso fracaso. El transformista Pedro Daktari, la actriz Guacimara Correa, el escritor Alexis Ravelo, el presidente del Real Club Victoria, Antonio Padrón, el fotógrafo Ángel Luis Aldai, la tenista Magüi Serna, y el traumatólogo Arturo Gómez nos cuentan qué disfraces les dejaron huella.
El transformista Pedro Daktari, con uno de los abanicos que utiliza en sus espectáculos. | josé carlos guerra
El transformista Pedro Daktari lleva disfrazándose desde hace cerca de 40 años con el mismo traje de chacha. "Es un traje muy cortito. Todo el mundo me reconoce pero no me importa. Me gusta ir cómoda". "Con el traje de chacha y mis zapatillas de calamares me lo paso en grande. No me falta ni la cofia ni el plumacho, que es lo que más trabaja", puntualiza con sorna.

El artista, imitador de cantantes como Lola Flores o Sara Montiel, tiene el armario atestado de trajes suntuosos que utiliza para sus espectáculos, muchos de ellos confeccionados por él mismo. "No me gusta ir pomposa. En el Carnaval voy a divertirme, pero el escenario se merece un respeto".

El transformista cuenta que el personaje de chacha le acompañó en sus primeros gags en la discoteca Can de la capital, a mediados de los años 70. Bajo el título de Petra, criada para todo, Daktari daba rienda a su imaginación y desparpajo humorístico.

"Salía con una tabla de planchar, una radio y hacía que hablaba con las vecinas. Al público le gustaba mucho y me quedé con el personaje", explica el humorista que actuará en la gala de la Gran Dama, del domingo, día 3. "Será visto y no visto. Nos han dicho que una sola canción porque hay muchos artistas. ¡Y eso que hay recortes¡", comentaba sobre su próxima actuación.

Daktari, que también se viste de niña, confiesa que el traje de chacha es el mismo desde hace años. "Lo cuido como al resto de mis trajes. Claro que si se rompe una puntilla, pues la cambio y le pongo otra".

La actriz Guacimara Correa, que a menudo también se mete en la piel de personajes reales y de ficción, recuerda el año en que, siendo adolescente, se vistió de conejo con una amiga.

"Era un mono enterizo que nos había hecho mi abuela a mi hermana y a mí con trozos de tela gris y blanca. Lo importante no era el disfraz, sino que íbamos pintadas. El maquillaje era tan bueno que nadie nos reconocía. Fue muy divertido, porque nos poníamos delante de ellos y hasta que no nos echábamos a reír, no daban con nosotras".

Correa, que reconoce que hace años que no se disfraza para Carnavales, por eso de que el cambiar de registro forma parte de su trabajo diario, asegura que el vestuario es el 50% de una interpretación artística.

"Perdí el gusanillo del Carnaval cuando me marché a vivir a Madrid. Pero si salgo a darme una vuelta me fijo mucho en el vestuario que se pone la gente. Hay algunos que son muy originales; aquí y en Tenerife".

La actriz, uno de cuyos últimos papeles ha sido el de encarnar a Lolita Pluma, participará como jurado en la sección de vestuario en el Concurso de Murgas que se celebrará los días 4, 5 y 6 en Santa Catalina.

El traje no hace al monje, dice el refrán. Pero en Carnaval parece que tampoco, aunque, en ocasiones, nos empeñemos en enfundarnos en una mascarita en concreto. Siempre hay alguien que nos chafa el esmero y dedicación que habíamos puesto en ser originales, confundiéndonos con alguien que, ni por asomo, se nos había cruzado en top ten de los posibles.

Eso es lo que le ocurrió a la tenista internacional Magüi Serna en el 2009 cuando decidió salir vestida de pirata para estar acorde con la alegoría del Carnaval capitalino. "Me comenzó a entrar un mosqueo, porque al salir de casa todo el mundo me llamaba Esmeralda, la gitana que se enamora del jorobado Quasimodo. O me decía, pitonisa échame las cartas. Menos mal que, al final, con tantas risas y coñas, me divertí".

La joven deportista sigue sin comprender aún dónde estuvo el error. "Iba muy femenina; de color turquesa. Me había puesto incluso un pañuelo. Pero bueno, los Carnavales son para pasarlo bien. Y, al final, me ría de mi misma".

Serna, que desde hace varias ediciones disfruta del Carnaval en carroza con unos amigos, recuerda, sin embargo, que una vez se vistió de punky "nada convencida" y el traje hizo maravillas.

"Éramos un grupo de amigos y no sabíamos de qué disfrazarnos ese año. Uno dijo que de punkies, y así lo hicimos. Yo no estaba muy convencida del disfraz, pero lo pasamos muy bien, porque llevábamos pelucas y nadie nos reconocía", aclara la tenista, que este año volverá a disfrutar del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria y el de Maspalomas sobre cuatro ruedas, vestida de Yasmin, el personaje de princesa que acompaña a Aladdin en los dibujos animados de Disney.

Como en otras cuestiones de la vida, si hablamos de mascaritas, los hombres lo tienen más fácil. Nada mejor que vestirse de mujer para causar sensación. Eso es lo que hacía de adolescente el escritor de novela negra y de cuentos Alexis Ravelo, cuando se juntaba con la pandilla del barrio.

"Entonces nos íbamos al ropero de la madre o de las hermanas y nos disfrazábamos, o de mujer, o de vieja. Cogíamos el vestido viejo, un sujetador y nos poníamos unos calcetines y a bailar. Luego, cuando comenzamos a salir con chicas, como ellas sabían coser, pues nos lo currábamos mas. Un año salimos vestidos cada uno de una golosina con gomaespuma. Parecíamos una chocolatería andante", apunta.

El presidente del Real Club Victoria, Antonio Padrón, rebusca en el ropero de su señora. "Cojo un trapo de mi parienta, me preparo y me echo a la calle. Ése es mi disfraz de todos los años, salvo uno que me puse un traje de cigarrera y, otro, de azafata".

Padrón disfruta del Carnaval con otras féminas de su misma calaña, mientras confiesa que nadie le hace ninguna proposición indecente. "Nos lo pasamos muy bien vestidos de mujer. Saco mi lado femenino pero mi cuerpo no encaja en el prototipo y eso que tengo gusto para vestirme. Tanto que un año rompí el forro de un traje de mi mujer y ésta me dejo de hablar un par de días porque era uno de los que más le gustaban", comenta entre risas.

El traumatólogo Arturo Gómez , hijo predilecto de la ciudad y de la isla, tampoco le ha puesto peros a un disfraz de mujer. "Un Carnaval tuvimos mucho éxito el exrector de la Universidad, Francisco Rubio Royo y yo vestidos de lecheras. La gente se metía mucho con nosotros".

El jefe de Servicio de la Unidad de Rehabilitación del Hospital Doctor Negrín confiesa ser un gran carnavalero. Tanto que cuando realizaba conferencias y seminarios en época de Carnestolendas sorprendía a los invitados a mitad de la cena con una mascarita. "Un día hicimos una boda palomar. Yo me vestí de novia y Rubio de novio. Soltamos incluso dos palomas".

El fotógrafo Ángel Luis Aldai recuerda con especial cariño el año en que lució palmito vestido de conejito de Play Boy. "Me lo dejó mi hermano Pachi y tuve mucho éxito, incluso entre las mujeres. Todo el mundo me quería quitar el pompón que llevaba en el trasero. Llegué con las mallas destrozadas a casa". Otro de sus exitazos carnavaleros, aunque en el mundo gay, fue el año en que decidió imitar al obrero de la construcción del grupo musical de los años 70 Village People. Y es que como dice este artista del objetivo en Carnaval todo el mundo sorprende: "Desde la novia desolada con bigote y pelo en pecho, hasta el que va con capa y máscara veneciana".
LaProvincia-DiariodeLasPalmas Lourdes S. Villacastin

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