lunes, 14 de enero de 2013

Un barrio más que murguero


Al entablar una conversación con Fino Díaz, siempre, se busque o no, se acaba hablando de Carnaval. Asume que esta fiesta es su vida, sin olvidar por supuesto a su familia. Ahora tiene 54 años y desde que cumplió los 14 empezó a ensayar con su murga, la Ni Pico Ni Corto, un grupo del que ahora es presidente. Tiene claro que hay que dejar paso a las nuevas generaciones que poco a poco se van haciendo un hueco pero aun le queda mucha guerra por dar.

Fino Díaz, en la calle Santiago, señala uno de sus zonas de ensayo. Nació en Santa Cruz de La Palma. Cuando tenía nueve año se trasladó junto a su familia al barrio de El Toscal, el barrio murguero por excelencia. En la calle Santiago se crió y vivió hasta que se casó, momento en el que se mudó a Tío Pino. Recuerda con nostalgia la peluquería que había justo debajo de su casa que era propiedad de don Antonio.

También la pequeña venta en la que compraba casi todos los días. No era peligroso salir de la vivienda, cruzar la estrecha calle y entrar en el portal. El tráfico que existe hoy en toda la zona nada tiene que ver con el que el vivió cuando era tan solo un niño aunque el problema del aparcamiento siempre ha existido.

De su calle también recuerda al que vendía los caramelos y el bar de la esquina. Aunque es joven, a sus 56 años, reconoce que nunca ha tenido buena memoria. Es difícil acordarse de tantos nombres. Estudió en el colegio del barrio, en el Onésimo Redondo. Por las tardes iba junto a sus amigos a jugar a baloncesto y al fútbol en la Oje, la ciudad deportiva, justo donde ahora está el edificio del centro comercial Parque Bulevar. Había mucho espacio para todos y era "lo más sano". De su época son pocos los amigos que conserva. Muchos se decantaron por una vida no muy sana, otros se fueron trasladando de barrio con el paso de los años y otros han fallecido con el paso del tiempo.

Imaginación

Lo que sí recuerda es la gran imaginación que demostraban todos a la hora de pasarlo bien. No existían ni los avances ni las nuevas tecnologías de ahora ni tampoco los recursos y las facilidades de las que disponen hoy los más pequeños. Había que echarle ganas y eso se demostraba en todo lo que eran capaces de inventar para pasarlo bien. Y si un día no se les ocurría nada, siempre tenían la opción de ir a los vicios. Pasaban tardes enteras con las máquinas, perdiendo por completo la noción del tiempo. Estaban muy cerca del teatro San Martín, otro de los puntos habituales de encuentro.

Los pasajes, hoy la mayoría abandonados, solían ser espacios donde pasar un rato entretenido. En el de Las Tribulaciones, uno de los vecinos ponía películas en formato súper ocho con un proyector. Por tan solo una peseta, se podía entrar a ver.

Todos los recuerdos de Fino Díaz terminan, sin excepción, en su murga. Cuando empezó era la guardería del barrio. Todos los padres metieron a sus hijos en el grupo, para evitar que cogieran otros caminos. Aunque al principio los ensayos eran al aire libre, donde se podía y les dejaban, con el paso del tiempo pudieron alquilar un local e incluso se mudaron en varias ocasiones. Justo en la calle San Martín, donde hoy se prepara La Traviata, está uno de esos inmuebles. Al lado, a muy pocos metros, vivían las dos costureras que durante los primeros años les confeccionaron sus disfraces: doña Obdulia y doña Carmen Rosa.

Ahora El Toscal "está abandonado". Ni Pico Ni Corto ya no ensaya en estas calles pero Fino pasa por esta zona muy a menudo. Las casas son las de siempre, aunque muchos de sus vecinos han cambiado. Le preocupa que ya no haya solución. Ha vivido en estas calles una de las etapas más bonitas de toda su vida. Invertir, aunque sean tiempos difíciles y prestarle más atención a las sugerencias de los vecinos son algunas de sus ideas para el barrio.
 La Opinión de Tenerife Goretti Alonso

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