Poco después de las seis de la tarde, los niños, la cantera del Carnaval, recorrieron la avenida Francisco la Roche, donde había más murgueros y componentes de grupos oficiales que público. La obra de la avenida se dejó sentir ante la falta de público que solo comenzó a dejarse sentir a partir de la zona del Cabildo, para luego volver a convertirse en un desierto en la recta final del coso infantil hasta su finalización en la plaza de Europa. Tanto la reina infantil como su corte de honor, alguna aspirante que incluso se atrevió a salir desfilando sin carroza, se alternaron entre los grupos en un desfile familiar. Pobre de público, pero rico en la entrega de los niños de los grupos oficiales. Sin duda, la organización tiene la tarea de reconducir el día de celebración el Coso infantil. Ya quedó de manifiesto el año pasado que su coincidencia con el Carnaval de Día es mal competir y no se complementan. Toca buscar una alternativa para que los pequeños puedan disfrutar del cariño y agasajo del pueblo de Tenerife.

Cabe destacar el cariño de los participantes, que buscaban público para mostrarle su fantasía y su buen hacer, en un desfile que desde que comenzó buscaban que acabara.
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