El accidente de Saida Prieto en la Gala el pasado 6 de febrero es el más grave de cuantos se han sucedido en los carnavales chicharreros. El incendio que destrozó la fantasía de la candidata a Reina y que provocó a la joven quemaduras en el 42% de su cuerpo fue tan impactante que ha dado la vuelta en los informativos de toda España. Sin embargo, no es la primera vez que el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife debe contener la respiración por un suceso, aunque en la mayoría de los casos, las consecuencias no han sido tan serias.
El Fidel Castro chicharrero y Saida Prieto son dos de las víctimas populares de un accidente carnavalero, más allá de tantos heridos que a lo largo de cada noche de bailes debe atender el hospital de campaña. Sin embargo, los sucesos que ambos protagonizaron no son los únicos accidentes que han salpicado los festejos chicharreros. En 2002, durante la Gala de la Reina en la que resultó coronada Lorena Díaz, los fuegos artificiales que adornaron el espectáculo celebrado en la Plaza de España causaron un susto tremendo a los componentes de los grupos que se encontraban en el backstage.
Los restos de la pirotecnia cayeron sobre murgueros y comparseros que corrieron a refugiarse en lo poco que encontraron, siendo las cabinas habilitadas como servicios las que soportaron la entrada de más carnavaleros. Aunque pudo haber sido peor y solo una murguera resultó herida leve, ese incidente provocó el enfado de los componentes de los grupos y, por ende, protagonizó algunas de las letras de las murgas el siguiente Carnaval.
A lo largo de las fiestas se han sucedido otros sobresaltos que, por sus nulas consecuencias, han pasado a la historia de las carnestolendas como simples anécdotas. La desaparecida murga Singuangos fue protagonista de dos de estos hechos. El primero, en 1997 cuando parte del decorado cayó sobre el escenario justo cuando el grupo que dirigía José Antonio González se encontraba en medio del actuación. Uno de los dos dinosaurios que se instalaron en el techo del Recinto Ferial se desplomó entre el director y la mascota. "Afortunadamente no pasó nada, solo el susto", recuerda González quien añade que "la murga siguió cantando".
A Singuangos también le tocó lidiar con un fallo de sonido durante la final de murgas de 2000. En medio de su segundo tema, Arturito el Chola, una grada comenzó a gritar porque no escuchaba a la murga. El grupo paró el tema para retomarlo desde el principio.
También quedó en un susto la caída de Maxi Carvajal en la final de 1996, que sorprendió al público al aparecer en el escenario a lomos de un burro. El propio director de Diablos Locos recuerda que él mismo se enteró esa mañana del plan ideado por la murga cuando vio al animal fuera del local. Al final de la rampa que daba acceso a las tablas y que cruzaba entre el público, el burro resbaló tirando al director trónico desde el escenario: "Caí de pie y al mirar hacia arriba vi al burro prácticamente colgando sobre mí", recuerda Maxi Carvajal.
En ambos casos, no hubo que lamentar daños personales pero sirven de muestra de que los accidentes en los escenarios del Carnaval no son algo nuevo, incluso cuando se siguen todas las indicaciones de seguridad. La mayoría se quedan en nada, en un sobresalto sin más. Otros, en una desgracia que lamentar y un solo deseo: la pronta recuperación de Saida Prieto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario