La cabalgata provocó cortes en varias vías en función iba avanzando. Pero también lo hizo en los momentos previos a su celebración. La calle Bravo Murillo estuvo cerrada al tráfico, donde varias carrozas estaban aparcadas, sin música, a la espera de marchar. A su vez, los vehículos no podían circular por dos carriles de Rafael Cabrera.
Mientras, los comparseros recreaban el ambien te con el colorido de su vestuario. Una de las bailarinas, concienciada de las horas que le quedaban por delante, se aventuró al comentar: "A ver si llego", expresó la joven con humor. Los ritmos latinos de estos cuerpos de baile venían acompañados de las batucadas, que provocaban que los propios espectadores diesen rienda suelta a sus latidos.
Una carnavalera que llamó la atención fue Carmen Roja, nombre que se apreciaba en su remate emplumado. Fue objetivo de cámaras fotográficas y ella, sonriente, devolvía a esta atención unos pasos de samba brasileña.
Por otra parte, Alfonso García, o el pionero de los sombreros, como él se presentaba, lucía un vestuario elaborado íntegramente por él. Desde hace 30 años crea el sombrero que luce en cada edición de las carnestolendas. "El que llevo hoy está dedicado al Gran Baile de Máscaras", comentaba orgulloso. Entre los detalles de este complemento, se apreciaba una muñeca a la que acompañaban cuatro máscaras. Asimismo, este artífice recordaba la obra que hizo el año pasado, con materiales reciclados y dedicado a Hello Kitty. Todo en color rosa.
Con peluca rubia y unas palomas que le ayudaban "a meterme en la realidad", Demetrio Rodríguez, o el Principito, aludía al cuento del mismo nombre, donde el niño protagonista se evadía de la realidad ayudado de unas aves. Pero el caso de Rodríguez es el contrario, es decir, las falsas palomas (elaboradas por él) mediaban para introducirle en la fiesta que estaba viviendo. Este profesor, natural de Las Palmas de Gran Canaria, eligió la interpretación de este personaje por su especial interés en el libro de Antoine de Saint Exupéry.
La temática actual de la fiesta sirvió de alegoría para los carnavaleros. Muchos aristócratas se dejaron ver en cada rincón capitalino: a pie de calle o sobre las carrozas, con vestuarios en tonos rojos o azules, con grandes trajes o, los más atrevidos, con minifaldas. Entre toda esta diversidad se encontraba la dama Lalita Moreno. "Vengo en góndola desde Venecia", decía mientras se ocultaba bajo su máscara. Se hizo con este artilugio en un viaje que emprendió hace dos años a la ciudad de los canales y destacó la calidad de la misma, que le permite llevarla con comodidad. Lalita ha utilizado la máscara en otras ediciones de las carnestolendas, porque "hay que ligar", señalaba entre risas. "Si me escucha mi marido, me mata", apostillaba.
Entre todos los participantes de la cabalgata, había un grupo de "tirajaneiros" (calificativo en honor a su procedencia, el municipio sureño de San Bartolomé de Tirajana). El conjunto, formado exclusivamente por hombres, no dudó en bailar una coreografía, en la que dos emperifollados acompañantes que imitaban al cantante coreano del Gangnam Style, Psy, lanzaban confetis para animar el jolgorio que este grupo había montado en cuestión de segundos.
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