El silencio nocturno del barrio lagunero se va rompiendo poco a poco con el sonido del claxon de los coches que llegan y sobre todo cuando, una vez la guagua devuelve a Bambones hasta su barrio. Abrazos y sonrisas, felicitaciones y agradecimientos para dar paso al sonido más murguero que existe. El bombo y platillo marca el paso para que los componentes de la murga y sus familiares y amigos formen una marcha conjunta de unas 400 personas y una fiesta que duró hasta las 05:30 de la madrugada.
Con un viejo pasacalle de principios de los 90 como himno y con vecinos asomados a ventanas y balcones de los bloques, el momento emotivo llegó anoche en el mismo sitio que el pasado Carnaval. La casa del Cotena, del amigo que no se olvida, fue escenario del homenaje que los de Primi regalaron a su gente. Unos vecinos que cada Carnaval se sienten orgullosos de su murga.
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