Director insular de la ONCE de día y carnavalero de noche. Manuel Saavedra Travieso (Puerto Cabras, 1955 ) tiene ceguera total desde hace poco más de 40 años y debe valerse de su perro Drago para caminar por las calles de la capital majorera y para acudir cada día a su oficina. Sin embargo, cuando llegan las fechas de los Carnavales, Manolo, como se le conoce popularmente, se transforma, se embadurna de purpurina y colorete, se coloca la mascarita y el disfraz de mujer y a la calle. Eso sí, acompañado de Drago su fiel e inseparable compañero las 24 horas.
Hasta los 16 años Manolo era un joven normal y sin ningún problema de salud. Sin embargo, un año más tarde se le detecto una retinosis pigmentaria, " una enfermedad degenerativa y progresiva que me dejó completamente sin vista", señala el director insular de la ONCE en su propia oficina.
Manolo ha sido siempre una persona decidida. No ha tenido miedo ni a los retos ni a las aventuras, a pesar de su discapacidad. "Comencé a trabajar muy joven, primero con José Travieso que tenía la corresponsalía del Banco Hispano Americano y yo me encargaba de cobrar las letras. Más tarde me fui a El Aaiún, cuando ya apenas tenía visión y estuve tres años trabajando de camarero sin poder leer. Luego me vine a Fuerteventura y monté el Bar San Roque. Nunca he sentido temor por el trabajo".
En 1977 ingresa como vendedor en la ONCE y desde el año 2006 es el máximo responsable de este organismo en la Isla donde se ha ganado no solo el prestigio laboral sino la admiración y el respeto de vecinos y trabajadores.
Su vinculación a las fiestas del Carnaval se remonta a los años de su pubertad. "Desde niño me disfrazaba con los trajes de mi madre o de mi abuela. Nos íbamos por las casas y nos daban huevos, dulces, caramelos y hasta tortillas. Recuerdo esta época con una enorme nostalgia", asegura Manolo.
Saavedra y su grupo de amigos, Jorge Sastre, Juan Manuel Rodríguez y Pedro Oramas, comienzan los Carnavales una semana antes de su pistoletazo de salida " realizamos un recorrido por todas las instituciones públicas. Además, siempre voy vestido de mujer porque me encantan, me gusta este papel porque todas vienen a colocarte la ropita, a ponerte bien el sujetador y a comprobar si llevo relleno". Además, añade, que los Carnavales "son mis fiestas, porque no dependo sino de Drago, de nadie más. Me sirvo de mi imaginación y de mis ganas para divertirme y además no tengo ningún tipo de complejos". Le recomiendo a todo el mundo que viva y disfrute de estas fiestas que sirven de terapia y para pasarlo bien".
Manolo aboga por unas fiestas abiertas a todos " participativas y sin obstáculos ni limitaciones para nadie. Todos tenemos derecho a disfrutar de esto como cualquier otro vecino. Nosotros no tenemos que demostrar nada, ya que con voluntad se encuentran los caminos para superar cualquier barrera".
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