martes, 15 de octubre de 2013

Vida entre las manos

"Todo lo que nos rodea está lleno de diseño: la silla en la que nos sentamos, el nombre del bar al que entramos y hasta el paquete de papas fritas que nos comemos". Con esta visión ve la vida Rocío García, una ilustradora de 27 años que se está haciendo un hueco en el mundo de la ilustración y la animación en Canarias.

Esta chicharrera, conocida entre sus amigos como Rochi, reivindica el valor del artista. Su experiencia laboral la ha desarrollado en La Casa Animada, el estudio de Alejandro Gil y Brandia.

Cuando García vio por internet que se abría el concurso del cartel del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria meditó presentarse, pero cuando vio la temática, el Mundo de la Fantasía, no se lo pensó dos veces. "Yo era consciente de que se concursaba mucha gente de mucho nivel, simplemente probé suerte", comenta. Tardó una semana en hacer su cartel, "pero no de seguido, me ponía a ratos con él". Al final, formó parte de los 7 preseleccionados de las 63 propuestas que se presentaron. Llegados a este punto dio por hecho que no ganaría y se olvidó del concurso. Al día siguiente, cuando ya habían acabado las votaciones populares "ocurrió el milagro", la llamaron para decirle que había resultado ganadora. "Me cogió por sorpresa y lo que vino al día siguiente fue una locura de aviones porque tenía que personarme en Gran Canaria, perdí el avión y acabaron retrasando el acto por mí", reconoce García. Esta ilustradora aficionada a los blogs científicos, está muy orgullosa de haber ganado, aunque "me perderé ver el cartel por las calles porque es en Gran Canaria pero espero que algún amigo me manda fotos". Además, con el premio ha podido continuar con sus estudios.

García es una enamorada de los animales, "si pudiera, tendría una granja de perros". Pero sobre todo adora las películas de animación. "Me gustaría trabajar como diseñadora de personajes para cine de animación", afirma.

Esta fanática de los cómics recomienda a todo el mundo la película La Bella y la Bestia, de Disney del año 1991. "La recomiendo porque fue la primera película animada nominada a los Oscar como Mejor Película", comenta Rocío. "Fue un boom en el mundo de la animación", continúa. "Tiene una animación perfecta y una gran adaptación del guion", asegura García. Además, esta cinta no llegó con el doblaje sudamericano, sino que se dobló al castellano "por la importancia que tuvo". "Conozco a los animadores que la hicieron y para mí ésa es su obra maestra", determina la joven.

A la hora de trabajar en su salón rodeado de libros de ilustración, esta artista se inspira bebiendo de imágenes que le gustan en su ordenador.
"Pinterest me ha ayudado mucho en esto porque me he podido crear una archivo virtual separando temáticas en carpetas. Si un día me apetece dibujar un perro, allí tengo mi carpeta de perros para darme ideas", comenta. A continuación, se pone en la televisión una película que le inspire como ambiente, no la mira, aunque a veces prefiere música jazz, blues o rock alternativo de los 80 y 90. "Y... también bandas sonoras de películas de animación", susurra algo avergonzada. Eso sí, "si tengo que elegir, Tori Amos sería la banda sonora de mi vida". Una vez hecho el ritual, puede comenzar a dibujar, siempre primero a lápiz.

Además, García lleva cuatro meses haciendo collares con ilustraciones de su cosecha. "Lo veía por internet y me encantaba, con los años me fui enterando de cómo se hacen y me animé".

Rocío García, que adora los helados en cualquier época del año, asegura que "los artistas isleños en general no se valoran". A esta profesional le molesta cuando alguien se sorprende de que un buen trabajo tenga autoría canaria. "Pues claro que lo hizo alguien de aquí, ¿por qué no?". "Yo creo que es una cuestión cultural porque en Francia el sector del cómic nacional está muy extendido y valorado pero aquí con el franquismo estamos muy atrasados", reflexiona. Aparte del complejo de inferioridad extendido, García añade que "no hay nadie que te anime cuando quieres ser artista, dicen que no tiene salidas y no es verdad", asegura.

En el trabajo, "te encuentras con que los jefes no saben sobre el mundo del arte, no diferencian lo que tiene calidad de lo que no y te regatean". García lo compara con "pretender comprar una camisa de seda por 5 euros" y defiende que "son horas de trabajo, como las de un fontanero o un empresario".

García cursó el bachiller de artes en el Instituto Fernando Estévez. Luego estudió un ciclo de Ilustración, otro de Gráfica Publicitaria, que interrumpió para estudiar un curso en la Casa Animada de Tegueste de Animación tradicional. Y a partir de ahí ha continuado su formación son cursos online y presenciales, incluso pasó un verano en París.

Rocío asegura que "el diseño es como una madre, siempre está ahí, pero cuando falta, lo notas"

Verónica Galán

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