Los inicios de esta chicharrera de adopción –nació en La Laguna– siempre han estado ligados a la fiesta más popular de la capital. "Comencé haciendo trajes para rondallas y reinas con Isabel Collado", recuerda. "Ella fue una de las primeras mujeres que hizo trajes para las reinas de Carnaval y yo comencé ayudándola a ella". Después de casarse, compaginó la creación de disfraces con el trabajo en su tienda de ropa, por lo que, de una forma u otra, siempre ha estado ligada a la moda.
A pesar de todos los disfraces que ha realizado en su vida, Victoria Carrillo asegura que "a mis 70 años, nunca me he disfrazado". "Prefiero vivirlo desde la acera y ver lo que sucede".
En la actualidad, esta mujer realiza el disfraz de la murga femenina las Marchilongas. En total son unos 56 trajes. Pero además, es también la creadora de las fantasías de sus familiares.
Aún así, esta chicharrera de corazón rememora aquellos años en los que llegó a elaborar las fantasías de tres murgas a la vez. "Había Carnavales que trabajaba para Marchilongas, Bambas y Bambones, pero lo tuve que dejar". Una de las fiestas más complicadas de esta costurera fue la del año 2006. "Unos meses antes fue el Delta –tormenta tropical que azotó el Archipiélago en noviembre de 2005– y estuvimos sin luz durante una semana". "Cogí mucho estrés porque pensaba que no terminaría todos los trajes, porque eran más de 100, y decidí que era mejor no arriesgar mi salud. Así que, desde entonces, solo trabajo para Marchilongas", recalca.
Precisamente, Carrillo lleva trabajando con este grupo 25 años. Por ello, el pasado día 18, Victoria se llevó una ovación por parte de sus chicas, las componentes de la murga. "Me hicieron un homenaje durante la presentación de su disfraz y fue muy emocionante porque me regalaron un vídeo con fotografías mías durante estos 25 años y trajeron a mi hijo que vive en Fuerteventura de sorpresa", cuenta.
A pesar de las alegrías que Victoria Carrillo se lleva mientras realiza su trabajo, reconoce que es muy sacrificado. "Los trajes los comienzo a hacer unos cuatro meses antes del concurso, que es cuando llegan las telas, pero se trata de una profesión sin horarios". Durante estos cuatro meses, "prácticamente trabajamos del amanecer a la madrugada". Pero, por suerte, no está sola, ya que su hijo y su sobrina la ayudan.
En estos momentos, la costurera está dando los últimos remates a la fantasía Alcaponeando al Carnaval, de Lito Díaz. Aunque el boceto le llega en julio, hasta el último momento se están añadiendo detalles o haciendo ajustes. Además, "Lito hace el diseño y yo se lo cambio todo, pero él lo acepta", bromea. Así, esta mujer de armas tomar demuestra que es ella quien lleva la batuta en esta murga.
Después de 25 años trabajando para el mismo grupo, ya son prácticamente una familia y, como la costurera asegura, "es difícil que una murga aguante tanto tiempo con la misma modista y yo aquí sigo, pero porque las chicas son buena gente", manifiesta.
La afición de esta mujer por la costura le viene de herencia familiar. "Mi madre era costurera y casi todas mis hermanas también saben coser", recuerda. Además, "en mi época te educaban para que fueras ama de casa y aprendieras Corte y Confección".
A pesar de ello, "a mi madre no le gustaba que cogiera la aguja porque decía que era un trabajo muy sacrificado". Sin embargo, su madre la apoyó al ver que, con tan solo 12 años, diseñó su primer traje, "aunque me olvidé de cogerle los bajos", recuerda.
En ese momento, se dio cuenta de que servía para esto. "Me dijo que tenía arte", afirma, y ya nunca soltó las agujas.
Con medio siglo de experiencia en la elaboración de estos trajes llenos de colorido y purpurina, Victoria Carrillo recuerda cómo han cambiado las cosas. "Las telas han variado y, por suerte, ahora existe la silicona caliente", bromea. Otra de las grandes ventajas es que "ahora las lentejuelas vienen en tiras, porque antes teníamos que coserlas una a una", cuenta.
Sin embargo, las mejoras en los materiales de trabajos no suponen facilidades a la hora de terminar los trajes, ya que como afirma Carrillo, "ahora son mucho más complejos que antes, además de que suelen ser más componentes en los grupos".
Un traje puede realizarse en un día de trabajo sin parar, pero después de este primer paso, llegan las pruebas de los componentes y los posteriores arreglos o añadidos. Lo normal es que se realicen dos pruebas, aunque "hasta el día de la presentación solo pueden verlo las personas que están en la directiva y han elegido el diseño. Al resto se los pruebo con los ojos cerrados", ya que el misterio se tiene que guardar hasta el último minuto.
Si pudiera volver atrás y elegir una nueva profesión, está segura que haría lo mismo. "Este trabajo no me da mucho dinero, pero me da vida", remarca. Victoria Carrillo ha tenido toda una vida dedicada al Carnaval, pero en un segundo plano, aunque, por suerte, ha visto como algunas de sus creaciones eran galardonadas en la fiesta chicharrera. "Cuando te dan un premio, ves tu trabajo reconocido y eso es muy importante, aunque lo principal es poder participar cada año" con la misma ilusión de siempre, asevera.
Por ahora, los planes de Carrillo son poder terminar todos los trajes a tiempo y asegura que "continuaré haciendo disfraces hasta que el cuerpo aguante".
Yaiza Rodríguez
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