sábado, 1 de marzo de 2014

El desfile más corto y caótico

Poner orden en una Cabalgata del Carnaval es una utopía, eso ya se sabe. Pero lo que ocurrió anoche en la capital chicharrera "no tiene nombre". Así lo decían entre el público y los grupos participantes, entre otras encendidas frases, como "¡qué vergüenza!", "¡no hay espacio!", "¿ahora cómo salgo de aquí?", "¡me están escachando¡" o "¿pero qué han hecho este año?". El de anoche fue el desfile más corto de la historia del Carnaval chicharrero pero también el más caótico y lento. La decisión del Organismo Autónomo de Fiestas del Ayuntamiento de Santa Cruz de reducir en un kilómetro el recorrido de la Cabalgata provocó ayer el enfado de muchos y el desconcierto de otros. Pero la fiesta continuó y para los que llevaban vasos en la mano el desfile siguió siendo este año una explosión de ritmo, color y desenfreno.

El accidente que sufrió en la Gala de 2013 y en el que casi pierde la vida la candidata a Reina Saida Prieto, que participó anoche en la Cabalgata con su comparsa Los Cariocas, ha llevado al Ayuntamiento a extremar las medidas de seguridad o a, como dicen algunos, a empezar a hacer lo que debería haber hecho desde hace mucho tiempo. Una de estas medidas desató la ira de las carrozas y los coches engalanados porque el Consistorio les exigió que tuvieran los vehículos dados de alta y con la ITV pasada. Como el sector se puso en pie de guerra, Fiestas optó entonces por reducir el recorrido y eliminar prácticamente todas las pendientes del mismo por si acaso. Y en lugar de partir todo el mundo desde la Avenida Asuncionistas, anoche el punto de salida de los grupos se situó en la Avenida de San Sebastián y el de las carrozas en La Salle. Y aquí empezó el caos.

En primer lugar, gente esperando en Asuncionistas y en Ramón y Cajal porque no se habían enterado de que este año por allí no pasaba ni el viento. Y abajo, de donde sí salía la Cabalgata, el embrollo. El público, empeñado en ver el desfile desde la misma esquina de la que partía; miles de personas concentradas en un mismo punto; los grupos esperando para poder salir por un lado y las carrozas por el otro, lo que retrasó el recorrido hasta límites insospechados; y Protección Civil y la Policía intentando poner orden para que la Cabalgata pudiera avanzar.

Una vez pasada esa equina, la cosa no mejoraba mucho. El Puente Galcerán a oscuras y sin un alma a los lados porque se prohibió el paso a los ciudadanos "por motivos de seguridad", por lo que la Cabalgata pasaba por allí sola y aplaudiéndose a sí misma; en Weyler, la televisión parando a los participantes; grandes espacios vacíos entre un grupo y otro; el público, más de 32.000 personas, mezclándose con los carnavaleros y las comparsas casi bailando encima de los asistentes porque no había cama para tanta gente; espontáneos disfrazados que se colaban entre murgas y agrupaciones, y los vecinos y turistas que llevaban ocupando un sitio desde las dos de la tarde (la Cabalgata empezó a las 20:15 horas), enfadados porque no veían nada.

Hasta la propia Policía Local reconoció que la salida de la Cabalgata había sido un caos. Los agentes indicaron que el error se cometió al no advertir a los ciudadanos que no se concentraran en La Salle y en San Sebastián, sino a partir del Puente Galcerán. "Pero es que, además, al ser más corto el recorrido, las miles de personas que habitualmente disfrutan de la Cabalgata como público se han tenido que concentrar en menos espacio, por eso ha habido tantos problemas", argumentaron.

"La organización ha sido nefasta. Esto es una locura", comentó Ana Rosa Rodríguez, de los Triqui Traquitos. "Estamos aquí todos apelotonados, no se ve nada, no nos podemos mover. Antes había más calles para que la gente pudiera colocar sus sillas", indicó Rosa María Plasencia, una chicharrera. Pero el desfile continuó, se viese o no se viese y por mucho que algunos estuviesen enfadados. Laura Santana protestaba porque la organización había habilitado un espacio en Méndez Núñez con sillas y con vallas, y con muy buenas vistas, supuestamente para las autoridades, aunque allí no había ninguna, sino señores y señoras que no se sabía muy bien quiénes eran. El alcalde, el nacionalista José Manuel Bermúdez, prefirió situarse entre el público, como uno más.

Y entre tanto caos, las murgas, las agrupaciones, los espontáneos y las candidatas a Reina infantil, sin carrozas "porque Fiestas dice que no tenía dinero para todas", desfilaron; las comparsas bailaron, y la Reina adulta, Amanda Perdomo, en representación de McDonald´s y la opinión de tenerife, y sus damas de honor, así como el resto de Reinas saludaron sonrientes y emocionadas al público, aunque tuviesen que hacerlo desde Grúas Cuchi. Al final, y cuando ya era muy tarde, el resto de carrozas. Lo importante, haya caos o no, es que el Carnaval chicharrero ya ha salido a la calle.
La Opinión de Tenerife
Eloísa Reverón

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