Esa muestra del verdadero Carnaval, donde no existe temática para disfrazarse o premio por el que competir, sólo hay dos premisas para disfrutar de este acto: ir de luto y reírse con todo el mundo.
Bajo unas estrofas que a muchos nos han venido a la cabeza en algún momento “La sardina se murió y la fueron a enterrar”, se ha convertido desde antaño en la banda sonora junto a los llantos de esas viudas desconsoladas, que no encuentran motivo para calmar sus lágrimas desesperadas ante esta gran pérdida.
Se celebra el miércoles, siendo un día laboral ni víspera de festivo, pero esta fecha no se toca. Ya hace varios años se intentó cambiar al viernes de piñata y se creó el efecto contrario. Se organizó un entierro extraoficial el miércoles, siendo uno de los más multitudinarios que se recuerdan en los últimos años. No se quiere cambiar de día, para evitar que se convierta en un acto con mucha afluencia de público, y así se pierda su esencia.
Son pocos, pero saben a lo que van y por lo que están allí … para pasarlo bien. Esa sardina que se pone sus mejores galas cada año, para acabar siendo pasto de las llamas. La hemos visto siempre con esos labios rojos y siempre ataviada con algún guiño a la temática del Carnaval de Santa Cruz de ese año, siempre rodeada por su infranqueable comitiva de la Ni Fu Ni Fa, grandes precursores de esta tradición
Como siempre la sardina se murió y los carnavaleros cuentan los días para disfrutar del fin de semana de Piñata , para quemar los últimos cartuchos de la fiesta de Don Carnal
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