Este Domingo de Piñata acaba el ciclo de Ballesteros y el Carnaval volverá al kilómetro cero con la corporación que salga de las alecciones de mayo. Y es que, coincidiendo con el estreno de los nuevos políticos -vista la experiencia-, lo anterior no existe.
Sin embargo, el Carnaval 2015 deja reflexiones interesantes por abordar. ¿Abrimos el concurso de murgas a toda la Isla? ¿Nos vamos a un modelo de certamen gaditano, con previas en el teatro Guimerá y dos fases eliminatorias en el recinto ferial para las doce mejores, de las que pasarían las seis más puntuadas a la gran final?
¿La futura dirección de la gala adulta pasa por el encargo a Enrique Camacho tras el éxito de la de la reina infantil? ¿Se garantiza para los próximos cinco años a Alexis Hernández como maestro de ceremonias excepcional y único para llevar y dinamizar, como este año, la gran final de murgas? ¿La puntuación de las fases del concurso de murgas adultas se desvincula de la final y se puntúan por separado, con lo cual gana la final la mejor de la fiesta de la crítica y el pasacalle, y no del concurso?
A todo esto, un añadido. No es pregunta, sino afirmación. El orgullo de haber disfrutado esta edición de un certamen de rondallas único, de gran calidad, agradeciendo a las ocho formaciones líricas la entrega para volver a poner este género en lo más alto, como referente de una modalidad exclusiva del Carnaval. Y un desconsuelo. Desde la condición de tornillo de rosca chapa de quien suscribe, la cuadratura del círculo ya hubiera sido que Besay Pérez (El Cabo) hubiera sido primero de solistas. Todavía se recuerda cómo desbordó el Auditorio y emociona.
Humberto Gonar
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