Cortés, de viuda, teñida de rubia, con grandes gafas y con pelo en el pecho, comentaba que habían "barajado varias alternativas" hasta elegir al primer edil como finao y tapadera de un carrito de supermercado lleno de bebidas y viandas. "No me va a matar, es Carnaval", contestó al ser preguntado si no se había excedido en la broma. Y así fue, aunque el alcalde -vestido de frac del XVIII- se quedó más que sorprendido al ver a la familia Cortés desde la carroza en la que iba el pelágico, mientras la Reina del Carnaval, Aránzazu Estévez, y la Gran Dama, Leonor Morera, junto a la concejala de Cultura, Isabel García Bolta, se tronchaban de risa.
Momentos como estos se vivieron en el cortejo fúnebre que puso fin a Las mil y una noches y a 22 días de diversión en la capital que ni el frío ni la lluvia han logrado empañar. El mismo viernes, último mogollón de las Carnestolendas se dieron cita unas 8.000 personas entre el parque de Santa Catalina y la plaza de Canarias tras la Gala Drag Queen. Tampoco ayer.
Ni la climatología ni estar en paro amilanó a Juan Manuel Verde a disfrutar del entierro de la sardina, desconocido de negra y ataviado como una criada de las de antes. "El tiempo no ha acompañado pero lo importante es divertirse", comentó arrastrado por la música de la banda La Isleña. Ya lo había hecho en la Gran Cabalgata y en el desfile de grupos en Las Canteras.
A la despedida, que ya había comenzado por la mañana en Vegueta y a la que acudieron numerosos aficionados al baloncesto que estos días han seguido la Copa del Rey que se ha disputado en la capital , no faltaron las murgas - Los Nietos de Kika, Los Sary Mánchez, Los Legañosos, Los Serenquenquenes y Los Twytty´s -, viudas como María Santos y Lina, tía y sobrina, que hacían su última cabalgata antes de irse a los Carnavales del Sur, y mascaritas con nuevos disfraces que se arremolinaban tras las cinco carrozas que participaron en el desfile.
No faltó tampoco la Iglesia para dar el último rezo antes de la inquisición del fuego de la sardinita. El obispo Serafín Guedes resumía en un "bieníssimo" las Carnestolendas, encantado con la movilización de masas que hasta el último día rendían pleitesia a la máscara y a la transgresión. "La fe en el Carnaval arrastra montañas, ¡es una victoria para la Iglesia!", gritaba.
También estuvo en el entierro Pablo Iglesias - líder de Podemos- por un día convertido en Johny Santana y con un eslogan un poco diferente -Jodemos-. "No ha sido posible en Carnaval porque he tenido que trabajar pero estamos haciendo campaña hasta el final de la fiesta", indicó, mientras animaba a las mascaritas a seguir al partido. "Si Jodemos, Podemos", insistía.
La comitiva se mojó durante algunos tramos del recorrido, en cuyas aceras había numeroso público a la espera de ver a la sardina, principalmente al inicio del desfile en León y Castillo, que más que entierro parecía de nuevo la Gran Cabalgata por la música discotequera y salsera que emitían las carrozas y que animaban a las viudas a descocarse en el trajín del llanto mientras enfilaban el camino al parque de Santa Catalina.
En la playa, cientos de personas esperaban también la llegada del pobre animalito que, sobre las diez de la noche, comenzaba a arder en el agua, más bien a ahumarse porque apenas se vieron llamas quemando las escamas llenas de lentejuegas quizás por la humedad cogida durante el recorrido.
Los fuegos artificiales despidieron a la sardina y a las mascaritas, que desconsoladas emprendían el camino de vuelta hacia el parque de Santa Catalina, donde aún les quedaba un buen tirón de fiesta con el concierto Ser Carnavalero programado para aliviar la pena del fin de las fiestas más internacionales y populares de Las Palmas de Gran Canaria. Pero la lluvia, que no ha dado tregua a ninguno de los actos importantes de la fiesta, aguó el fin de las Carnestolendas. Las mil y una noches se despidió sin apenas dar tiempo a las mascaritas a echarse un baile ya que el concierto se suspendió por seguridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario