Hijo, sobrino y nieto de músicos, Javier Jonás Díaz, de 36 años, se estrenó en 1997 como solista de Coral Anaga. Fue el director más joven. Desde hace 11 dirige la Masa Coral (accésit de Interpretación 2015), con 85 de historia.¿Cómo llega a las rondallas?
Comencé en 1997, con Coral Anaga, gracias a la profesora de canto de La Laguna Pilar Castro, que nos enviaba a las rondallas a hacer las "prácticas" (se ríe). Celso Albelo, su hermano Badel y yo estudiamos juntos.
¿Por qué las rondallas y no otra modalidad del Carnaval?
Vengo de una escuela lírica, de cantar ópera y zarzuela. Tenía 18 años y lo que buscas es el género que te identifica. Yo no gozaba los carnavales; venía de una familia de músicos. Mi tía fue subdirectora del Conservatorio Superior de Música de Canarias.
Cuando llega a las rondallas, ¿están en un buen nivel?
En 1997 y hasta el 2000 estaban en un momento álgido. No había ruido. Ahora nos ponen una comparsa delante y otra detrás.
¿Las rondallas se limitan más a su concurso?
Históricamente, el concurso es el Domingo de Carnaval. Ningún certamen debería coincidir con otro acto. Es el día ideal porque ya se han celebrado los concursos y nos prestan más atención.
¿Gozan ahora de buena salud las rondallas del Carnaval?
Gozan de una salud de hierro y va en aumento. El concurso de este año me pareció fabuloso; todas las rondallas han subido muchísimo respecto a la edición anterior, algo que no había visto en los últimos cinco años: todas con un nivel más o menos parejo.
¿Qué "culpa" tienen de la mejoría los grupos nuevos?
Desde que comencé en la Masa Coral como director hace once años hemos intentado mejorar. Viene gente nueva y no solo se rejuvenece la rondalla, sino que aumenta la familia. El objetivo no es pasar a nadie por encima. Valkirias ha dado un paso importantísimo, por ser un coro de mujeres que igual alguien antes no veía.
¿Justo segundo premio?
Para mí, sí. La mayoría son voces frescas, la orquesta suena muy bien. La parte teatral, quizás, quizás, no metida en el tiempo, pero es una apuesta por innovar.
Pero... ¿no se han acercado más hacia la zarzuela?
¿Y qué somos? Las rondallas tienen el apellido de lírico-corales. En exceso, no.
Siendo director y solista, ¿comparte el primero individual?
Lo ganó Javier Hernández, de El Cabo; sinceramente, su compañero Besay Pérez, que logró el tercero, lo hizo muy, muy bien.
¿Qué le falta a las rondallas para que sean el referente otra vez?
Les falta empuje de todos, de las propias rondallas y los medios.
¿Resta mérito ganar por primera vez en 40 años justo la edición en que no concursa el Orfeón La Paz?
El mérito lo tiene siempre, y más con el nivel de este año. El Cabo estuvo intratable porque hizo un repertorio muy completo. Al campeón hay que ganarle cuando está todavía en plenitud de facultades. No soy partidario de que el Orfeón participe fuera de concurso. Nuestro espejo es la orquesta del Orfeón, que es maravillosa; el coro ya... Hay coros, incluso mixtos, que están al nivel del Orfeón.
¿No le da pena que voces privilegiadas no triunfen fuera?
Soy barítono profesional desde hace 15 años. He estado en Barcelona, Madrid, Milán... Hay tres o cuatro personas que tocan el cielo, como Celso Arbelo o Jorge de León. El resto somos currantes; en la crisis, tiras del que tienes en casa. El Festival de Ópera de Canarias nos tiene maltratadísimos, no se apuesta por la gente de la tierra.
¿Es partidario de un concurso con dos fases?
Antes deberíamos ser 20 rondallas.
¿Auditorio o pabellón?
El Auditorio mejor por la capacidad, ya que el Guimerá se queda pequeño. En el pabellón dicen que habían preparado unos paneles que mejoraban la acústica y cabían hasta cinco o seis mil personas. Había más ambiente festivo. Asistir a un concierto con un bocadillo de chorizo o un paquete de pipas en la mano no es lo mismo que verlo en un auditorio donde casi no se puede ni beber agua.
Festival de rondallas, una expresión única de la fiesta en versión "libre"
Humberto Gonar
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