Así, paraguas en mano o protegidos por la enormes pamelas, los carnavaleros disfrutaron del tradicional Entierro de la Sardina, bailando por las calles del agua.
Un año más, Suso e Isaac se colocaron en lo alto de la carroza de Doña Sardina, con sus vistosas fantasías.
Rita ataviada con un vestido de viuda años 20, no faltó a la cita en la ventana de Jacinta, para después incorporarse a la comitiva carnavalera.
Olivia y Rito, disfrutaron de lo lindo a pie de calle, al igual que el grupo de Lupe, que un año más, sorprendió por lo imaginativo del disfraz.
No faltaron las desconsoladas viudas, lujosamente engalanadas, mostrando su pena divertida por el final de las carnestolendas.
Con lluvia o aprovechando el descanso que daba el cielo, los carnavaleros galdenses, recorrieron el casco sin parar de menear el cuerpo, bien al compás de la música de banda, o de la que se ponía en las carrozas.
Así, muchos mojados pero sin perder las ganas de disfrutar a tope, la comitiva llegó hasta el frontis del Casino, donde con mucho dolor se incineró a Doña sardina.
Después, se mantuvo el ambiente festivo, con el mogollón que se celebró en la plaza de Santiago, ya que había que aprovechar hasta el último momento, la noche festiva.
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