¿En qué momento se encuentra el carnaval ahora?
El Carnaval ha alcanzado un estado de consolidación en cuanto a su formato de evento de la ciudad: no es una fiesta. Es un evento que traspasa el hecho ciudad. Además, involucra transversalmente a muchos elementos, desde la parte social, que es el origen de las fiestas con la participación ciudadana, a la promocional que hace que la fiesta sea un atractivo turístico y un motor económico.
¿Los agentes y estamentos de la ciudad tienen claro el papel de gran evento?
Yo creo que las empresas que han vivido de cerca el Carnaval lo tienen claro porque conocen los datos económicos. Quizás socialmente todavía hay sectores distantes que han visto que el Carnaval era un poco residual a nivel social. Con los años y el trabajo en imagen y contenidos se empiezan a convence que en el Carnaval hay espacio para todos.
¿Cómo se afronta esa nueva orientación?
Con el cambio de gobierno en el Ayuntamiento, hay un proyecto de transformación y puesta en valor del papel que juega el carnaval.
¿Eso significa que hay un proyecto a medio y largo plazo?
Sí, hay un proyecto. Este objetivo es común y afecta a muchos parámetros sociales. Se han trazado objetivos para alcanzar metas donde volvamos a reconectar las murgas y donde las comparsas se conviertan en grupos de la calle de verdad, masivos, casi como escuelas de samba, que articulen socialmente los barrios y que vayan hacia la formación y la educación. Ahora, los colectivos que hay están un poco aislados. Este proceso resulta muy interesante.
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