Ayer, el salón de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias acogió la presentación de la novela "Un Carnaval Amargo", editado por Anghel Morales -Aguere e Idea-, que ya está a la venta en las principales librerías.
El autor insiste en que tanto las situaciones como los perfiles de Rafa Bailaor y el concejal Babalú -que echó ocho caracoles para leer el futuro- poco tienen que ver con la realidad. Pero el lector no debe olvidar que quien escribe es el gerente de esa edición y la sucesión de hechos coincide con las informaciones de la época.
Pero la novela tiene alma y mucho humor. Socarronería canaria sobre todo si se pone cara a los protagonistas de la novela, en la vida real. Y hasta claves que ahora, con el paso del tiempo, permiten conocer lo bien que les vino a los gestores de la época el escándalo mediático de Amargo.
Arranca la novela con una descripción de los primeros pasos pretéritos del Carnaval para contextualizar a Babalú, el concejal de los caracoles. Por aquella época, en la vida real, el edil era Hilario Rodríguez. En la novela se precisa que no soportaba a Amargo, que siempre lo quiso cambiar y que solo fue el alcalde -entonces era Miguel Zerolo- quien lo convenció para que lo dejara.
La novela no olvida la tensión entre el concejal de Fiestas y el equipo del bailador, la coincidencia de la denuncia que presentaron los vecinos del centro por el ruido del Carnaval en la calle con la denuncia por el caso Las Teresitas a las puertas de las elecciones municipales.
Se desvela la llamada del obispo al alcalde para que se sustituyera la cruz de Belén Esteban en la gala, o se palpa la relación del concejal con su equipo, de la que no se libra el gerente -autor de la novela-.
Al final, lo menos importante fue lo que dijo Amargo, si se compara con los vericuetos de la organización, al menos de aquel año. Claro que todo esto es una novela: "Un Carnaval Amargo".Humberto Gonar
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