lunes, 27 de febrero de 2017

Los Liqui Liquis traen al Carnaval el saludo de Venezuela

Cuando un bolívar se convertía en 24 pesetas (llegó a superar las 35) los isleños sembraban inversiones de progreso. Inmersos en aquel periodo de prosperidad, que algunos comenzaban a vislumbrar efímero, llegaban a Tenerife Los Liqui Liquis, nombre que adoptó un grupo de chicharreros de la entonces mentada Octava Isla, que meses antes hervía en el deseo de correr los Carnavales.

Basta citar un pequeño detalle de esos años para que Trino Garriga reviva en sus recuerdos un sinfín de acontecimientos de los que ha sido impulsor y artífice. Coincidimos en la cita mañanera que con puntualidad hace al Parlamento, que se prolonga luego en la calle con la tertulia y el café junto a sus incondicionales amigos. A Trino se debe el inicio y desarrollo de tan feliz iniciativa. Se había llevado la Isla a Venezuela. Allí supo que el estudio fotográfico de Trino Garriga Rodas, su padre, en la calle de San José 31, se evanesció con las obras del Cuadrilátero y nunca se pudo localizar el archivo, que pereció a causa del caprichoso traslado hacia un inmueble próximo a la iglesia del Pilar. En el Hogar Canario de Caracas Trino y otros chicharreros igual de activos, sin subestimar a nadie me gustaría citar a Fernando Tauroni y Antonio Fernández Trujillo- organizaron una expedición carnavalera. Meses antes, con los carteles que recibía de su amigo Juan Viñas, recorría los centros canarios, pedía a sus colegas en los medios de comunicación que se hicieran eco del Carnaval que se iba a vivir en la capital tinerfeña y organizaban fiestas para recaudar fondos, al tiempo que gestionaban los viajes. La idea surge en plena concurso de rondallas, en la plaza de Toros. “Me entrevistó José Antonio Pardellas y le dije que había que tender un puente entre Venezuela y Canarias”.



De vuelta a Caracas nacen los Liqui Liquis, nombre que dan al grupo al optar por uniformar la presencia recurriendo al traje del Llano, con sombrero de fibra de palma que citan como pelo guama.

La iniciativa cala y han de fletar un vuelo de Iberia, directo a los Rodeos. Eligen a su reina, Mónica Afonso, y cuentan con una carroza. La Casa de Venezuela, con el cónsul general Jesús Márquez, el Círculo de Amistad, el Ayuntamiento, la Comisión de fiestas… Todos quieren agasajar a los Liqui Liquis, correspondiendo a sus múltiples pruebas de afecto. Instauran el trofeo, que impacta por su grandiosidad, y con él premian a la rondalla ganadora. Irán ampliando los reconocimientos hasta el punto de entregar placas a todos los grupos del carnaval, y miles de orquídeas de plata a autoridades y vecinos. En uno de sus viajes se han de acoger a la mediación de las autoridades para poder retirar los muchos kilos de mercancía que trasladan. “Traíamos un montón de cajas del mejor ron”, que dosifican contando con la socorrida mediación que han comprobado les permite empatar día tras día.

Juan Ruano diseñó el chicharro, regalo que entregan al pueblo de Santa Cruz. “Lo adaptó Emilio González Falcón, que le dio un rostro alegre. Conseguimos darle la vuelta al gentilicio, que en sus orígenes tuvo cierto sesgo despectivo. Hoy es un timbre de honor, que se lo aplican incluso los de otros lugares de la isla”. La Comisión de Fiestas designó a Trino Garriga como miembro de Honor, y enredado en el olvido quedó la promesa de dar una calle a los Liqui Liquis.

Diario de AvisosZenaido Hernández

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