Poco a poco, Esther, de 27 años, baja de la nube a la que subió tras escuchar su nombre en el escenario y pone los pies en la tierra. «Sigo emocionada, muy halagada, orgullosa de cómo salió todo y aprovechando lo que está viniendo en consecuencia», relata la joven, nacida en Barcelona pero criada en Gran Canaria.
Su ilusión es como la de una niña, pero este no es su primer título. En 2011 fue elegida Miss Las Palmas y desde entonces había soñado con presentarse a la gala de la reina del carnaval, un objetivo que, aunque llegó seis años más tarde a propuesta de Cristina Robledano, fue en un momento que ella considera ideal. «Han sido dos épocas de mi vida diferentes. Fui miss con 21 años, más niña, y ahora reina con 27, más madura. Si tuviese que elegir entre ambos momentos no podría porque son únicos, pero sí es cierto que esta vez lo he vivido más, porque he tenido más madurez, he sabido llevarlo y también he estado mentalizada incluso para no ganar», apunta Esther.
Y es que estar preparada también para la derrota le hizo sentirse tan segura de sí misma que hasta se olvidó del peso de la estructura de la fantasía. «No sé exactamente cuánto pesaba pero es que ni lo sentí porque estaba centrada en la ilusión, que lo puede todo, y lo único que quería era salir al escenario», explica. «El equipo me transmitió mucha energía y antes de salir me dijeron si quería que me empujaran, pero yo dije que no, que yo podía sola», rememora.
Uno de los momentos que se le quedó grabado de la gala fue la ovación que recibió del público, aunque confiesa que en ese momento creyó que era la respuesta habitual con el resto de candidatas. «El apoyo de la gente que sentí ahí y que he sentido los días posteriores es impagable», apunta. De hecho, le sigue llamando la atención las numerosas felicitaciones que ha recibido, «desde gente que no conozco, hasta gente con la que no hablaba desde hacía muchísimo tiempo. Es un orgullo».
Diplomada en Turismo por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Esther Pérez sabe hablar inglés y alemán y trabaja como comercial en una multinacional, un trabajo en el que «se siente realizada», aunque no descarta la posibilidad de compaginarlo si se le presentan propuestas para volver a trabajar como modelo. «Siendo reina estás más expuesta, es más fácil que te surjan oportunidades así. Pero es cierto que debo dar gracias porque tengo un trabajo que me gusta, pero si salen oportunidades y puedo compaginarlo, pues bienvenido sea (...). No espero nada, ni pretendo nada. Simplemente quiero disfrutarlo porque es solo un año», afirma la nueva embajadora del carnaval capitalino.
Amante del deporte, de los idiomas y de su familia, Esther se define como una persona «humilde y familiar» a la que le gustan «los planes sencillos» en compañía de sus seres queridos.
Las primeras personas en las que pensó cuando se coronó como reina fue en sus padres, de quienes ha aprendido el valor de la humildad, y en su pareja. «Cuando empecé en Miss Las Palmas el consejo de mi madre fue con estas palabras textuales: ‘No vas a ganar,disfrútalo’. Yo no lo entendía, pero ahora que han pasado seis años lo comprendo. Ella no quería que me hiciera una ilusión, sino que disfrutase porque si yo hubiese tenido esa presión seguramente no hubiese ganado», explica Esther, quien recalca que, en todo momento, sus padres le han recordado la importancia de «tener los pies en la tierra y recordar quién soy». «Gracias a esos consejos, soy la persona que estoy orgullosa de ser hoy en día. El interior es lo que perdura y el exterior es efímero», manifiesta.
Si algo ha aprendido de esta nueva experiencia es que «todo tiene su esfuerzo». «Detrás del éxito tiene que haber mucho trabajo, dedicación, tiempo y en mi caso, fue importante el buen ambiente en el equipo. Como digo yo, salsa con gusto no pica y si estás a gusto, el sacrificio merece la pena», destaca. Al contrario de lo que se pueda pensar, Esther, asegura «que no hay que obsesionarse con ningún tipo de dieta», sino al contrario, porque «hay que comer el triple para estar fuerte», dice mientras se ríe la joven, adicta al Crossfit, un deporte que le apasiona y que entrena hasta seis días a la semana en un centro de Las Canteras. «Es un deporte súper completo y me tiene enganchada porque es escape para desconectar. No soy de las mejores, pero es cierto que poco a poco avanzo cada día», cuenta.
En un mundo en el que el físico sigue reinando, Esther tiene una postura crítica: «No debemos obsesionarnos con los estereotipos ni las tallas. Me han preguntado muchas veces si hago dieta y eso me preocupa bastante porque, aunque para este mundo hay que cuidar la imagen, lo primero es cuidar la salud y no la talla. Nos tenemos que ver bien a nosotros mismos y luego los demás, que digan lo que quieran», comenta la nueva reina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario