A pesar de todo, y aunque las máscaras y los tutús muchas veces impiden conocer a la persona que hay debajo, el carnaval continúa siendo un encuentro entre tribus urbanas. Están aquellos que incluso se consideran así mismos "friquis del carnaval" y esperan todo el año para planear su próximo disfraz. "Preparamos con nuestras familias el disfraz un mes antes de la cabalgata, para que quede bien hecho", afirma Sheila, una niña de 11 años que junto a los amigos y familiares de su edad lideraban la nave de La Guerra de las Galaxias. "Nos encantan los carnavales, venimos siempre y de hecho una vez nos quedamos primeros en Cruce de Sardina", explican entre saltos los benjamínes del colectivo de familiares Willy, provenientes de Arinaga.
Otros grupos sólo quieren disfrutar de la música y el ambiente, y no les importa quitarse la camiseta y colocarse un tutú en la cintura. Mientras sea extravagante y no apto para el día a día "todo" vale. Y el "todo" es importante remarcarlo. El caso de Francisco Calderín fue especialmente curioso, pues no dejó indiferente a nadie. Vestido de Groot, personaje de Guardianes de la Galaxia que posee la apariencia de árbol, dejó estupefactos a niños y mayores. Incluso desde las carrozas le señalaban y le sacaban fotos. Tres meses tardó en construir su disfraz, hecho de materiales pesados que le impedían en cierta forma la movilidad. Sin embargo, no es la primera vez que se disfraza de algo tan llamativo ni que se esfuerza por conseguir un disfraz bien hecho. Ya el año pasado se disfrazó de Predator con muy buenas críticas al respecto. Otro de los disfraces curiosos y que sin duda alguna también causaron sensación fue el de la Asociación Karna. Las marujas controlan el cotarro, y de eso precisamente iban a disfrazarse. Sus 45 miembros, todos procedentes del municipio de Santa Lucía, vestían sosteniendo el marco de una ventana que bien podría llamarse "la ventana de la cotorra". Las bragas colgaban de un pequeño tendedero y la jaula de un pájaro también asomaba por los laterales de la ventana. Las marujas detrás conversaban unas con otras agitando sus abanicos de colores. Estos seguían a su carroza, "la única que participa creando espectáculo en el carnaval", explica Carlos Guerra. "Hacemos unos bailes a mitad de cabalgata, no nos dedicamos únicamente a fardar de lo que tenemos", declara orgulloso.
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