A las 11:00 horas arrancaba una de las fiestas que pone sobre las tablas de Santa Catalina la esencia más genuina de las carnestolendas, la convocatoria de pequeñas y pequeños carnavaleros, un encuentro no competitivo en el que el único factor que entra en juego es la ilusión de las jóvenes mascaritas, su trabajo coreográfico y la alegría de pisar el escenario de Sergio Macías, una escenografía que ha demostrado que también funciona bajo la luz del día.
Durante tres horas y media han desfilado infinidad de indómitos personajes del Universo Disney, de los Hermanos Grimm, de Hans Christian Andersen, además de otros pertenecientes al mundo de la fantasía con una energía incuestionable alimentada a base de entusiasmo y miles de piezas de fruta ofrecidas por Mercalaspalmas a las y los pequeños.
Rafaelillo Clown, o quien está detrás de él, Rafael del Pino, hizo las veces de maestro de ceremonias dando paso a cada uno de los participantes y entreteniendo al respetable entre número y número, un público entre el que, como es habitual, destacaban las familias de los protagonistas sobre el escenario: su apoyo, sus gritos de ánimo y sus aplausos confirmaron el respaldo al esfuerzo, el trabajo y la entrega de esta impagable cantera del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria sobre el escenario de «Érase una vez…»
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