Corría el año 1976 cuando a Alfonso García se enteró de que Los Caribes iban de La Isleta a tocar al parque Santa Catalina. "Yo me fui con unos amigos a esperarlos a una esquina y, después, nos fuimos a bailar", rememora divertido. Para semejante ocasión no dudó en colocarse una enorme palmera decorada por flores. Fue ahí cuando se despertó la pasión por los gorros como el rey de sus complementos para los carnavales. Si bien fue poco más de una década después cuando terminó de perfeccionar y arraigar esta costumbre.
De esas primeras obras de arte para adornar la cabeza y captar las miradas ajenas queda tan solo el recuerdo y alguna que otra instantánea. "Podría tener más, pero he sido muy brutito y no me saqué fotos", señala mientras busca el álbum en el que sí conserva imágenes y recortes de prensa de lo que ha sido parte de su paso como un ya consolidado personaje del Carnaval. También guarda de sus creaciones retales de tela por si tienen algún tipo de utilidad en vestuarios futuros, pero no más. "Mi casa es muy pequeña y yo no puedo almacenar aquí más que lo justo. Con los años he aprendido a ser práctico y así soy más feliz, así que no guardo los trajes, los desarmo".