-Como chicharrero de adopción más que comprobado, ¿le gusta que lo recuerden como el abogado que salvó el Carnaval?
“Mentiría si le dijera que no me gusta. No solo me gusta sino que participar en lograr que se alzara la suspensión del Carnaval es una de las mayores satisfacciones profesionales que he recibido en mi carrera. Sin duda fue uno de esos momentos en los que te alegras profundamente de ser abogado”.
-¿Llegó a pensar que ese año no habría bailes de noche en el Carnaval de Santa Cruz?
“Más que pensar en que no habría bailes lo que me preocupaba era cómo se podría organizar para que se impidieran, y las incidencias de orden público que ocurrirían. No imaginaba cómo se iba a impedir a la gente escuchar la música y bailar por la noche”.