Si fueran un cuento, serían aquellas rimas del siglo XIV en las que se contaba la historia de los alegres camaradas de Robin Hood. Porque ellas quieren robar el carnaval del programa oficial y dárselo al pueblo. «Nuestro objetivo es devolver el carnaval a la calle», explican sus componentes. Y que la fiesta transmita su alegría, su ironía y su vivacidad en encuentros pequeños y casi espontáneos. «Ojalá que en los próximos años aparezcan nuevas chirimurgas y no se caiga en el error de llevarlas a un sitio cerrado y de pago porque el carnaval es siempre del pueblo», explican las integrantes de la Chichimurga.Son once mujeres y un hombre las que dan sabor a este dispar potaje en el que hay gente de Vegueta y de La Isleta, de Arucas y de Arinaga, de Guanartemte y de Lanzarote. Hay abogadas, veterinarias, diseñadoras... Precisamente esta diversidad, la amistad que las ha ido conduciendo a lo largo de la vida y su amor por el carnaval son las que han hecho nacer la chichimurga, un nuevo grupo que ya empieza a imprimir sus letras en el carnaval de los cuentos.
Su nombre es una declaración de intenciones. «Lo de chichi es por la gracia de que casi todas somos mujeres, menos Javi, por las risas», explica Marta Díaz, «así nos diferenciamos también de la chirimurga». Pero hay también un toque feminista y de denuncia social al que no quieren renunciar, pese a que disfrazan la crítica de humor.
Su fábula comenzó hace dos años. Habían ido al CICCA a disfrutar de la presentación de la Chirimurga del Timple y se plantearon salir como grupo. De hecho lo pensaron al año siguiente pero al final se les echó el tiempo encima.

