"Empezó todo por un villancico que les propusimos nosotros", cuenta Rubén Pitu, el carismático director de la murga grancanaria. La amistad que forjaron ambos grupos devino en un proyecto todavía mucho más ambicioso, y que se sostuvo durante meses en el grupo de whatsapp que creó Airam Bazzocchi, el letrista que parió la idea y escribió sus versos.
A lo largo de casi todo un año, cuatro murgueros (dos de cada grupo) estuvieron intercambiándose músicas, propuestas, inquietudes y miedos. El reto era superlativo. Cada plantel tendría que preparar cinco temas: los cuatro de su concurso y el que cantaría en la isla vecina. Había muchas dudas. La principal, cómo reaccionaría el público rival. "Pero las sensaciones fueron extraordinarias. Al final, nos sentimos como en casa", enunciaba Xerach Casanova el pasado sábado, aún eufórico por la conexión instantánea con el graderío de Santa Catalina.