Como él mismo ha contado a DIARIO DE AVISOS, esa noche estuvo a punto de no salir, pero se decidió en el último momento, tan in extremis que llegó a la ciudad sobre las 2.00 de la mañana en el último vuelo procedente de Lanzarote. “Llevaba cuatro o cinco años sin venir al Carnaval, porque, aunque soy de Tenerife, vivo en Lanzarote y al final me vine casi sin pensarlo”, explica. “Tenía en la cabeza otro disfraz para esa noche y este [el de Titanic] era mi segunda opción”, cuenta. “Al final, con las prisas, el avión y todo, preparé este sobre la marcha”, añade.
Pero, para haber sido montado a todo correr, lo cierto es que el disfraz sorprende por su originalidad, aunque requiere ciertos sacrificios, como evitar los lugares más abarrotados para poder subirse al patín. Como puede apreciarse en el vídeo compartido, la clave del disfraz, según David, es el movimiento, recreando al avance del insumergible buque por las frías aguas del Atlántico Norte. Y el gesto serio de David, reviviendo la intensidad del amor que Jack y Rose compartieron hasta que el barco se fue a pique. “Me gusta meterme en el papel”, bromea.