El cuerpo de baile de la comparsa iba hacia atrás y hacia adelante, y de un lado al otro entre las aceras de las calles, contagiando a los miles de espectadores que disfrutaban en pie, o sentados en una suerte de multitudinaria, casi infinita, fila de sillas dispuestas a lo largo de todo el recorrido. Las de madera y las de plástico se mezclaban con las de tela y hierros, mientras que las que tenían respaldo parecían mucho más cómodas que los pequeños taburetes, al menos así se lo hacía ver a su padre un niño de no más de seis o siete años disfrazado de El Zorro. Sea como fuere, los propietarios de las banquetas fueron igual de previsores que otros años, colocándolas desde las primeras horas de la jornada.
Miles y miles de personas, entre vecinos y visitantes llegados desde todos los puntos de la Isla y de fuera, abarrotaron las calles desde el inicio de la comitiva. Según los datos facilitados anoche por el Organismo Autónomo de Fiestas y Actividades Recreativas del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, la afluencia de público había superado la cifra de 85.000 personas.