Febrero de 1986, España se preparaba para decir Sí o No a la OTAN, en Suecia asesinan a su primer ministro, Olof Palme, y en Japón se estrenaba la serie Dragon Ball. Mientras, Las Palmas de Gran Canaria vivía su particular polémica. La lluvia amenazaba un año más el transcurso del Carnaval. Además, se rumoreaba que la Comisión Mixta del Ayuntamiento y el Patronato del Carnaval quería cobrar por primera vez la entrada a un acto, una Fiesta Veneciana en Vegueta. "Estamos por el Pueblo y con la Fiam, no con la organización", rezaban las pancartas de la mayoría de murgas durante la Cabalgata.
Los primeros veinte años de carnestolendas en la capital grancanaria estuvieron llenos de "piedras en el camino", tal y como relata el periodista José Febles Felipe en su libro Cuatro Décadas de Carnaval. La lluvia, los continuos cambios de ubicación de los actos o los continuos desencuentros entre el Consistorio y el Patronato eran el pan de cada día. "Cada edición exigía costes más importantes y apenas entraba dinero en las arcas carnavaleras", apunta Febles.