En aquel año gobernaba en la ciudad el PSOE de Emilio Mayoral, en una era de revoltura en los distintos servicios municipales donde nada andurriaba como cabría de esperar.
En ese contexto el Ayuntamiento, y a través de su entonces concejal de Cultura y presidenta de la Sociedad Anónima Fiestas del Carnaval, Lucía Romero, y con la inestimable aportación de su gerente Dania Dévora, tuvo la ocurrencia de parir a la madre de todas las galas, despojando a los grupos tradicionales de la parranda de su papel en tal estelar ocasión además de a los propios creadores isleños, para contratar una cosa peninsular llamada Factoría B, productora que traería la sofisticación metropolitana y continental que, al parecer, no aportaban los indígenas.
Nombres como Paola Dominguín, Guillermo Montesinos o Ramoncín eran, en principio, suficientes para lanzar la elección de la reina al más allá, un despegue que además era el primero que iba a ser retransmitido por TVE a todo el territorio nacional y al resto del mundo por su canal internacional.
Algo así como de La Isleta a Hollywood. Pilar Alarcón era la entonces directora de TVE en Canarias y sus expectativas, según las entusiastas entrevistas previas, eran de carácter global, donde el planeta Tierra podría ver cómo nos las gastábamos aquí, "en este marco incomparable" en medio del Atlántico y a 18 grados centígrados.