María del Pino Martín Mesa tenía 17 años entonces y formaba parte de la Agrupación de Vecinos del Barrio de El Cabo. Después de ser coronada Reina llevaría durante unos años la bandera de la agrupación a la que pertenecía y que la animó a ser candidata.
Su traje Eterna Primavera, al estilo de una dama antigua y que aún mucha gente recuerda, fue costeado por la agrupación El Cabo. Luis Dávila lo diseñó para que el querido modisto Julián Ortiz lo hiciera realidad. La gran peluca a lo Luis XIV fue obra de Miguel Ángel Castilla, así como el abanico. Y el sencillo maquillaje se lo debe a Gloria Mayato Reyes. María del Pino no quiere dejar de nombrar a ninguno de ellos porque todos contribuyeron con su granito de arena a construir unos días que recuerda como los más bonitos de su vida.
“Ahora es más mi hija la que se emociona con esta entrevista”, reconoce la Reina del año 1982. Lo que sí les hace especial ilusión a ambas es que suba al escenario de la Gala de Elección de la Reina el próximo día 15 de febrero, cuando se cumplen exactamente veinte años desde que lo hiciera por primera vez, pero en su caso, en el Teatro Guimerá. Duda de si ponerse tacones ese día. Su mundo hoy es otro. Conduce una guagua de Titsa, al igual que su marido, y ahora ya no vive en Santa Cruz sino en La Esperanza. La sucesión de los acontecimientos, dice, me llevaron a conocer a mi marido en un concierto de Bertín Osborne que se celebró en la plaza de Toros, en el que yo trabajaba como azafata con un grupo de chicas. Por eso, y porque es feliz, piensa que “nada es casual”.
El sello de correos suponía una gran oportunidad de promoción de la Isla en el exterior. La Asociación Filatélica de Tenerife fue quien realizó la petición al Gobierno de España. Manuel Hermoso avaló la propuesta y en el discurso del díptico de presentación del mismo, además de un breve resumen histórico de los Carnavales, defendió el interés turístico de los mismos: “La ciudad de Santa Cruz de Tenerife, disfrazada de Carnaval, es un sitio que no se debe visitar porque es difícil resistir la tentación de quedarse para siempre”, decía Hermoso al final de su escrito.
El timbre del que se emitieron cinco millones de ejemplares mide 40,9 por 28,8 milímetros y tenía un valor de 16 pesetas, (0,09 euros). Al pie de la imagen se puede leer: “Carnaval de Santa Cruz de Tenerife”.
María del Pino Martín conserva cinco pliegos de su sello, además de fotografías de todos los actos a los que acudió y más de una treintena de recortes de prensa en donde la entrevistaron o fotografiaron. Incluso la revista ¡Hola! publicó en sus páginas una foto de la Reina del 82. También el periódico Pueblo.
“Me trataron en todas partes como una auténtica reina”, expresa con añoranza. Alude de forma especial a su representación del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife en Madeira, a donde acudió en el año 1983, acompañada de la que en aquella época llamaban la reina madre, o sea, la suya propia.
Todo aquel revuelo le duró a María del Pino Martín Mesa hasta el año 1985 y, aunque se habría querido presentar a Reina de las Fiestas de Mayo, “había que dejar hueco a las siguientes generaciones”, concluye. Y no todas pueden presumir de aparecer en un sello de correos a la altura de un rey.
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