El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria recupera el espacio que hace casi 37 años vio renacer nuestra fiesta, el barrio de La Isleta. Estamos solo a cuatro meses de la celebración del Carnaval del Gran Baile de Máscaras, una alegoría que invita a los ciudadanos a transformarse en mascaritas y devolverle así a la fiesta, en justo agradecimiento, todo lo bueno que ella nos ha dado. Y queremos hacerlo acercándonos a la cuna del Carnaval moderno, muy cerca del Castillo de La Luz, allí donde el ánimo de aquellos vecinos entusiastas, encabezados por Manolo García, lograron en 1976 devolver a la capital el acto que se ha convertido en la fiesta más importante de Las Palmas de Gran Canaria.
En 2013 serán tres los núcleos del Carnaval. El parque de Santa Catalina, que acogerá las galas y concursos; la plaza de la Música, espacio ya consolidado como lugar de reunión nocturna para los más jóvenes; y la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de La Luz, en La Isleta, barrio de referencia indiscutible de nuestra fiesta. Y será así porque como ya apuntaba en estas mismas líneas, haciendo balance de la pasada edición, "el Carnaval es una fiesta viva, reflejo de una sociedad cambiante, y como tal, con gran capacidad para reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos".
Es un lujo reinventarse y adaptarse pudiendo regresar al origen -no me olvido de la sentencia judicial que nos obliga a replantear el espacio y salir del entorno del parque de Santa Catalina para las noches del Carnaval-. Con todo, esta dificultad se transforma en oportunidad cuando La Isleta es la alternativa.
La Isleta será escenario de cinco noches del Carnaval y lugar de destino de uno de los actos estrella del programa, la gran cabalgata. Este multitudinario gran baile de máscaras, que cada año recorre la ciudad al ritmo de la música carnavalera, finalizará allí donde la fiesta revivió para todos nosotros, muy cerca del Castillo de La Luz, lugar que acogió, como ha recogido en sus crónicas José Febles, la primera oficina del Carnaval, así como los primeros ensayos de la comparsa Los Caribe.
Es casi clásica, la reivindicación de muchos carnavaleros de que la fiesta se extienda, se viva en toda la ciudad, y lo que para muchos puede significar dispersión, para aquellos que enfrentamos estos cambios con responsabilidad, seriedad y valentía, se trata de dar respuesta, solución y nueva vida al Carnaval.
El carácter popular del Carnaval no se lo otorga el programa de actos, el número de conciertos, ni tan siquiera la celebración en los distintos distritos. El carácter popular de nuestra fiesta viene marcado por su origen y seguirá siendo así mientras el espíritu carnavalero de los ciudadanos, residentes o no en el municipio, les lleve a transformarse en mascaritas, por encima de todo, cuando llega el mes de febrero. Y eso, aunque parezca innecesario añadirlo, con sentido del humor, espíritu constructivo y cargados del carácter más optimista posible a pesar, incluso, de los tiempos que nos toquen. La evolución de la fiesta depende de todos y cada uno de nosotros. Todos somos responsables en la misma medida.
Quiero, por último, ayudada una vez más por el trabajo periodístico realizado por Febles sobre la memoria de nuestro Carnaval, brindar mi recuerdo "a la treintena de vecinos, casi todos de La Isleta, entre los que se encontraban: Manuel García Sánchez, Manuel García Guerra, José Arrocha Rodríguez, Ginés Betancor Hernández, Antonio Cardona Sosa, José Ortega Gutiérrez, Emilio Rodríguez Torres, Juan García Sánchez, Rafael Reyes Perdomo, Juan Álamo Zerpa y Luis del Rosario", impulsores anónimos de la fiesta, a las comparsas, murgas, reinas, modistas, diseñadores, mascaritas en general, que dieron toda su ilusión, y siguen haciéndolo, para que la fiesta perviva.
El Carnaval isletero es el Carnaval de las Palmas de Gran Canaria.
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