miércoles, 23 de enero de 2013

Medio siglo de doble sentido


Nicolás Mingorance, por fuera de la Ni Fú-Ni Fá. Alentado por la curiosidad de ver cantar en la Ni Fú-Ni Fá a muchos de los que fueron sus amigos de infancia, Nicolás Mingorance acudió al concurso de murgas de 1961. La experiencia le atrajo con tal fuerza que desde aquel momento se empeñó en entrar en la agrupación dirigida por Enrique González. Y lo logró dos años después. "El acceso a la murga estaba restringido, pero gracias a un primo que ya militaba en ella nos dejaron entrar a tres nuevos", recuerda este chicharrero, que iniciaba así su andadura en estos colectivos críticos. Trayectoria brillante como la de pocos al acabar convirtiéndose en uno de los mayores y mejores letristas en la historia del Carnaval chicharrero. Medio siglo y varios cientos de composiciones así lo atestiguan.
Lejos de pasar inadvertido en su estreno, Mingorance se atrevió nada más aterrizar en la Fú-Fá a hacer sus primeros pinitos en las letras. "Navarrito era el que escribía en ese entonces, y un día le dije que se me podía dar eso de cambiar las letras a las canciones; él me animó porque muchas veces estaba apurado, y desde entonces no he parado", explica sobre sus inicios. Su debut versó sobre "la calle Miraflores". "Desde ese tiempo se hablaba de quitar a las chicas de allí y arreglar una zona tan céntrica", añade Nicolás.
Pistoletazo de salida a cinco décadas de producción ininterrumpida, "unas veces con una mayor cantidad y otras con menor porque ha coincidido que en la murga han entrado otros letristas", señala Mingorance, incapaz de contabilizar con exactitud cuántas canciones han llevado su sello en todo este tiempo. "Ha habido años en los que he hecho los diez temas del repertorio de la murga; en otros carnavales ocho, seis...", detalla sobre una regularidad creativa que descendió coincidiendo con su retiro como murguero en activo hace una década. Un paso al costado en la fila que, sin embargo, no le ha impedido mantener la colaboración en la parte artística. "Este año, por ejemplo, las canciones de los funcionarios y los canariones son mías, aunque le di la potestad a José Antonio El Flaco –el director musical– de cambiar lo que considerara oportuno", cuenta Nicolás.
Fundador de Las Atrevidas
Santo y seña de la Ni Fú-Ni Fá junto con Enrique González, Mingorance también fue partícipe de la irrupción a finales de los 80 de Las Atrevidas de Arafo. "Fui uno de sus fundadores, les hice todas las letras e incluso el primer año pasaron a la final", comenta, sin olvidarse de su otra colaboración, "para la antigua infantil Paralepípedos, que eran los hijos de muchos componentes de la Ni Fú-Ni Fá". Solo esas excepciones. Ninguna más. Una fidelidad marcada por un estilo, el de la Fú-Fá, prácticamente inquebrantable con el paso de los tiempos. "Es cierto que con los años se ha notado una mejora en las voces, pero somos la única murga que ha mantenido la misma dirección y el mismo estilo tal y como pretendía Enrique, algo que nos ha permitido diferenciarnos del resto", expresa con rotundidad.
Quizá por ese sello de "murga antigua", nunca se vio este veterano letrista componiendo "canciones de más de diez minutos". "Es difícil mantener la atención del público durante 11 o 12 minutos, ya que hay muchos temas que cuando acaban no sabes cómo habían empezado. Al espectador se le hace monótono y pesado", argumenta Mingorance, que por otro lado entiende que en la actualidad se exprima al máximo el tiempo que se le da a los grupos: "Si tienes 30 minutos para cantar no te vas a marchar a los 15".
Capacitado como pocos para comparar distintas épocas, Mingorance admite que durante la Dictadura "escribir era más difícil pero a la vez más bonito". "Era decir las cosas sin decirlas; disimularlas, pero a la vez que la gente las comprendiera", señala para recordar sus inicios creativos. El letrista analiza aún con mayor profundidad la oposición entre las letras de antaño y las actuales. "Ahora se puede decir lo que te dé la gana y, de hecho, se hace de forma muy clara, olvidando el doble sentido, pero puede llegar a ser querellable", explica sobre las canciones contemporáneas. Situación muy distinta a la de antaño, cuando "tras escribir mandabas la letra a Información y Turismo, ellos la revisaban y, si la aprobaban, tú ya te lavabas las manos".
Medio siglo después Mingorance es prácticamente el mismo Mingorance de los inicios. Demasiado tiempo para algunos, pero no para él, que en breve cumplirá 85 años sin la intención de abandonar lo que ha sido casi un modo de vida. "Seguiré hasta que Dios me dé vida porque para mí es un entretenimiento; la cabeza aún me funciona", afirma con convencimiento.
La Opinión de TenerifeCarlos García

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