sábado, 16 de febrero de 2013

El tamaño sí importa


Hombres de todas las edades transformados en mujer son los protagonistas del acto más popular del Carnaval de Puerto de la Cruz. Solo son necesarios dos requisitos: tener muchas ganas de pasarlo bien y contar con, al menos, ocho centímetros... de tacón. Más de 350 inscritos provocaron las carcajadas de los miles de espectadores que se agolparon alrededor de las calles adoquinadas del casco portuense. El reto de unos y otros era el mismo: reír, y mucho. Se trata del Mascarita Ponte Tacón.
Grupo antes de saltarEste año cumple su decimonovena edición y aunque no logró superar el récord de participación del pasado año (421), lo cierto es que la cifra es lo de menos. Con fantasías de lo más sencillas pero divertidas hasta disfraces logrados, los participantes se enfundaron en botas, zapatillas y todo tipo de calzado con tacón. El mínimo son ocho, pero llegó a presentarse algún valiente con más de 20 centímetros.
Desde las 20:00 horas, los varones ataviados de mujer empezaron a dar colorido a la Plaza del Charco. Allí empezaba la fiesta con la medición de los tacones y, aunque había disfraces que valía la pena observar con detalle, lo cierto es que todas las miradas se iban al suelo, pendientes de los zapatos que llevaban. Algunos imposibles incluso para las mujeres más acostumbradas a andar en tacones.
Los participantes son de los más variados, entre Aday La Quincona y Albert Plasencia hay pocas diferencias. Ambos jóvenes llevan entre tres y cuatro años siendo mascaritas, pero si el primero se lo toma en serio y se prepara "haciendo ejercicio semanas antes", el segundo simplemente improvisó el disfraz "en una tarde".
El concejal de Fiestas del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz, José Carlos Marrero, que también participa en la carrera, explicaba momentos antes del comienzo del acto que se trata de una fiesta que cada vez tiene más aceptación. "Hace diez años el consistorio decidió apostar por el Mascarita y está dando grandes resultados", dijo antes de señalar que "se inscribe gente de toda la Isla y este año además se ha apuntado una pareja de noruegos".
En la céntrica plaza portuense todo son gritos de ánimo, risas y bromas. Algunos apenas pueden andar nada más calzarse los tacones y hasta precisan ayuda para subir las escaleras que llevan al escenario donde el jurado toma buena nota de las fantasías para otorgar los siete premios. La más veloz, la mascarita con más poderío, la más bacú, la más tenaz, el más resultón, la mejor pareja y el mejor grupo.
Pero la fiesta no ha hecho más que empezar. Desde ese punto de partida, que más tarde será la meta, los más de 350 inscritos debían recorrer a pie la distancia hasta la salida, situada en los alrededores de la iglesia de San Telmo. Unos 400 metros andando sobre adoquines, elevados al menos ocho centímetros del suelo y en los que empieza el vacilón con el público.
Aunque algunas de las mascaritas acaban durante ese trayecto en el suelo, no es hasta más tarde, una vez iniciada la carrera, cuando se colocan los obstáculos. Saltos, neumáticos, pasarelas... a los que los participantes se acercan entre risas y con los gritos de ánimo de los espectadores. Algunos corren con la intención de ser los más rápidos. Otros, simplemente, prefieren disfrutar del camino mientras, entre salto y salto, generan el mejor sonido del Carnaval: el de la diversión. No es de extrañar que Marrero presuma: "Este acto es portuense, se ha intentado hacer en otros sitios y no tiene el mismo éxito". Será que el sentido del humor se vive mejor en el Carnaval tinerfeño.
La Opinión de TenerifeMaría Plasencia

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