–Dos días después de la final, ¿Qué le dice el cuerpo?
–Sigo sorprendida con el apoyo que recibimos de la gente. Sobre todo cuando dijeron los premios y la gente gritó "Triquikonas, Triquikonas". Fue una experiencia inolvidable.
–¿Sienten como si les hubieran robado un premio?
–No, robadas no es la palabra. Mucha gente nos decía el mismo viernes que nos lo merecíamos, incluso compañeros de otras murgas. Fuimos cuartas de la final y quintas entre las dos fases. Hicimos dos buenas actuaciones, pero sí es cierto que este año me han demostrado que una murga femenina nunca se llevará un premio.
–¿Tan claro lo tiene?
–[Silencio] Lo dudo mucho. Es que este era el año.
–Pero su murga da la impresión de tener margen de mejora...
–Por supuesto. Y para el próximo año iremos a por todas.
–¿Cuál es el secreto de Triquikonas para haber conectado de esta manera?
–No hay ningún secreto. Es sacar cosas de la vida cotidiana. Quieras o no, a una murga femenina le cuesta provocar una sonrisa. Una murga masculina se viste de chica o se desnuda y ya hace gracia. Nosotras lo tenemos mucho más complicado. Pero parece que lo hemos conseguido. Lo hicimos el año pasado con el supermercado y este con las quinquis y el gimnasio.
–Pero algo habrá en el día a día para que funcionen tan bien...
–Es un conjunto de todo. De disciplina, de responsabilidad, de trabajo en equipo. No digo que el resto no lo tenga, pero es nuestra forma de trabajar. Tenemos percusión femenina, nosotras mismas montamos, no pagamos nada a nadie...
–Muchas de las componentes de su murga dicen que este era el año, pero ¿por qué?
–Porque la gente está completamente volcada con nosotros. Tenemos muy buenos temas, con una percusión que ha mejorado un montón. Yo también creo que este era el año.
–De sus últimas canciones, ¿se queda con alguna en particular?
–Este año, a la hora de escribir, siempre pensamos que era muy complicado superar el tema del supermercado. Pero cantamos las quinquis y fue un boom. Y yo, particularmente, me quedo con esta. Creo que puede ser el más representativo de todos.
–¿Han llegado a pensar si con este tema en la final, lo del premio habría sido posible?
–La semana antes del concurso, en el día de puertas abiertas, nos trastocamos porque nos planteamos cambiar el orden de los temas, pero acabamos pensando que con el gimnasio nos quedábamos a las puertas de la final. Y eso es lo que queríamos nosotros, estar en la final.
–Con el gimnasio, a más de uno se le vino a la cabeza La Foca de Ni Picas, pero a ustedes no parece convencerle esta comparación...
–No es que no nos guste, pero es que somos dos murgas completamente diferente. Tenemos a la hija de Loli Peña [Nayole Peraza], pero ella es Triquikona. Solo eso.
–¿No piensa que el tema del limbo no se entendió del todo y eso les lastró?
–Bueno, llegamos incluso a plantearnos tirarlo abajo porque no se entendía en casi ningún sitio. Al final quisimos ponerle cosas a la canción para darle más claridad, pero parece que no lo logramos. Sin embargo, otras personas que lo han escuchado lo consideran un gran tema. Igual hay que escucharlo más de una vez. Es un ejemplo más de que nos gusta ser diferentes.
–Se queda con las Quiquiañeras, pero ¿cómo se puede ensayar una canción mientras comen?
–Con una tapa de pan de molde todos los días. Es muy difícil. Incluso yo en el escenario estuve a punto de atragantarme antes de dar la entrada. Es algo que tratamos de controlar como hacemos también con los cambios de vestuarios y el tiempo que se tarda en ello.
–Precisamente una de las sensaciones que da Triquikonas es que todo está milimétricamente calculado. Que usted no tiene ni que preocuparse de la murga mientras canta...
–Confío en ellas y sé que no me van a fallar. Si las chicas ven que la gente responde disfrutan aún mucho más, y se crecen en el escenario si me ven disfrutar. Tenemos un buen feeling.
–¿Tiene miedo de que se les encasille como una murga que solo sabe hacer humor?
–Creo que no. Año tras año estamos aprendiendo a hacer crítica. Somos el mismo grupo de letristas y sabemos lo que queremos. Creo que podemos conseguir ese equilibrio en breve.
–¿Y es fácil ensayar y controlar a un grupo de 100 murgueras?
–No, para nada. Yo he estado desde el primer año que éramos casi el mínimo, y es completamente diferente. Ahora no cabemos en el ensayo, tenemos que hacer cuatro filas, hay chicas que no han estado nunca en murgas u otra, canariona, que es mucho más fina y nosotras para nada somos así.
–¿Cuántas serán para 2014?
–No lo hemos hablado aún, pero supongo que cerraremos el grifo porque somos demasiadas. Con más no se puede.
–Pero su grupo es ahora un boom, y muchas murgueras tocarán en sus puertas.
-Sí, por lo visto Triquikonas está de moda, pero es imposible tener a tantas personas.
–Están de moda, pero no parece sencillo que el resto de murgas puedan imitarlas...
–Para mí es un orgullo haber creado esa moda. Cada murga tiene su estilo y nosotros hemos marcado el nuestro desde el primer año.
–¿Será una presión para el próximo año estar casi por obligación en la final?
–Un poco sí, pero nuestro objetivo es estar igual o mejor que el año anterior.
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