"Voy de princesa, porque soy única". No importa que haya una tal Letizia que habita en el Palacio de La Zarzuela, "yo soy mejor", subrayaba Carmen Henríquez, de 14 años, quien, en la tarde de ayer, fantaseaba con suceder a la princesa en su versión imaginaria del Carnaval 2013, cita que desplegó una cohorte de pequeños y pequeñas por las calles capitalinas durante la Cabalgata Infantil, en el barrio de La Isleta. La comitiva de mascaritas infantiles, comparsas y carrozas, hasta 21, presidida por la Reina Infantil Selena Pérez y sus cuatro damas de honor, partió a las puntual desde El Castillo de la Luz y se desplazó a lo largo de las calles Juan Rejón y Albareda, hasta desembocar en el Parque Santa Catalina.
Elena Marrero e Isabel Almeida, sus amigas, iban de mimos, con disfraces prácticamente idénticos. El trío de adolescentes esperaba hacía ya una hora "a unos amigos del instituto, si es que llegan hoy", antes de dirigirse al parque Santa Catalina, como confirmaba Almeida, algo impaciente. Ante la demora de los chicos, "nos entretenemos escuchando canciones", hasta que aparecieran, puntualizaba Marrero.
La Reina Infantil fue lo que más llamó la atención de la joven Carmen Henríquez en la cabalgata, "me gustaron sus plumas los colores que lleva el traje". Henríquez disfrutaba de la cabalgata junto a sus dos "mimos", también de 14 años, algo que llevan haciendo "desde hace tres años", apuntaba la joven disfrazada de princesa.
Las tres adolescentes son amigas desde que eran "chicas, desde los tres años", explicaba Isabel, cuyos padres y los de sus amigas íntimas "se conocían de toda la vida y nosotras nos juntábamos cuando ellos quedaban", continuaba la joven. Ni ella, ni Almeida, se decoraron el rostro de blanco, como lo haría un mimo al uso, "porque no nos molaba pintarnos la cara", decía, mientras revelaba que no era el único disfraz que ha usado para estos carnavales, aunque sí el que más le gusta. El año pasado, Marrero se disfrazó "de abejita" y también salió a disfrutar del Carnaval en la calle, como ayer por la tarde, junto a sus tres inseparables amigas.
Esperanza
"No iremos a la Cabalgata grande del sábado, porque dura hasta muy tarde", predecía Marrero, con algo de tristeza, pero con la esperanza de que sí puedan ir el año que viene, "si nos dejan nuestros padres". Su amiga Isabel Almeida, eligió el disfraz de Minnie el año pasado, pero "este año queríamos ir las dos conjuntadas", confesaba la propia Isabel. Las dos reniegan del tópico de que payasos y mimos den miedo, cuanto menos, no serán ellas quienes lo hagan: "Nada, no asustamos nada, somos guapas", afirmaba Isabel; "nosotras somos buenas, no matamos a nadie hoy", bromeaba entre carcajadas.
Isabel confesaba que había seguido la Gala de la Reina, y que disfrutó "con el traje tan bonito que llevaba" Giovanna Lee. Eso sí, por mucho imaginación que le eche, la joven no se ve participando algún día en una gala como esa. "Soy carnavalera pero no para eso, me daría mucha vergüenza".
El pequeño Himar Medina, por su parte, no se había disfrazado esta vez, venía con lo puesto; "no tengo disfraz", pero aseguraba que se disfrazará alguna de las jornadas carnavaleras que restan, y lo hará de Obelix. "Es el único disfraz que tengo". En la caracterización para transformarse en el héroe de la antigua Galia, no recurrirá a ningún artificio para parecer más gordo, "mejor me quedo igual que estoy". De la cabalgata, se quedaba "con la música", apuntaba el chico, mientras sonaban de fondo el ritmo de samba de los tambores.
La pequeña Daniela Espiau disfrutaba ayer de lo lindo de la cabalgata Infantil. A sus siete años de edad, lo estaba pasando pipa, disfrazada de animadora y con la cara pintada de rallas azules y amarillas. "Me gustan la música, las carrozas y los disfraces", destacaba, risueña, del colorido desfile que transita por la calle Juan Rejón. De todos los disfraces, Espiau se queda "los que tienen plumas", por encima del resto, un rasgo que le atrae por "los colores" que le dan a los trajes. Durante esta jornada festiva se había dedicado a animar mucho, junto a su amiga, mientras pasaban una a una las carrozas. De hecho, el motivo por el que eligió esta mascarita fue el de "hacer que animo a mi equipo de fútbol", nada de salir a dar aliento a equipos de baloncesto o balonmano, como pudiera pensarse en un primer vistazo.
Sin embargo, al fijarse con atención en el color amarillo del traje de Espiau, quedaba claro cuál era el conjunto de sus amores: "Mi equipo es Las Palmas", confirmaba la chiquilla, que durante la Cabalgata no había parado de jugar con sus amigas y animar mucho para que "ellos se diviertan conmigo".
Por último, entre el ajetreo de niños y niñas, aparecían Nerea Alvarado y Ariadna Estévez, ambas con siete años. Ellas eran ayer por la tarde una pareja indisoluble: amigas, compañeras del colegio, y ahora disfrazadas las dos como "chicas de las galletas Cookie time", como explicaba Alvarado. Nerea afirmaba que se divierte con la cabalgata, porque puede estar jugando y bailando con sus amigos, especialmente con Ariadna, su amiga del alma.
Lo de vender galletas es lo de menos y aunque "no hemos vendido ninguna", como reconocía la niña, "lo estamos pasando muy bien". Ariadna, por su parte, no se separó ni un momento de su amiga, después de una sesión de maquillaje y caracterización, en la que no le costó mucho disfrazarse, vestirse y maquillarse. "Ha sido rápido porque me ayuda mi madre", comentaba mientras sonreía a su progenitora.
La niña eligió "el baile y la música" como los mayores atractivos de la tarde, y no quiso que la de ayer fuera la última cabalgata del Carnaval, pues le gustaría acudir con sus padres a la Gran Cabalgata. "Si se da el caso, me volveré a disfrazar de lo mismo", adelantaba.
La Cabalgata Infantil fue, como en ediciones anteriores integrada, además de por la Reina Infantil, por los grupos infantiles de murgas y comparsas, 24 carrozas y los premiados en el concurso de disfraces formaron el resto de la cabalgata, junto a aquellos que quisieron animarse a lucir disfraz y pasarlo bien.
Los más pequeños de la casa salieron a la calle disfrazados a bailar y participar en un acto eminentemente familiar, que según estimaciones de la Policía Local de la capital grancanaria acogió a cerca de 30.000 personas. En los prolegómenos y al comienzo del evento se colapsaron las calles circundantes a la Cabalgata, debido al ingente tráfico de vehículos, especialmente la Avenida Marítima en los tramos de Juan E. Doreste, Pérez Muñoz y General Balmes, con lo que algunas familias se vieron en dificultades de llegar a tiempo.
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