En esta ocasión, varios restaurantes del municipio saldrán a la calle y se ubicarán en el entorno de la Plaza de la Constitución, en concreto en la calle paralela San Agustín. Los negocios se ubicarán en esta zona a partir de las 18:00 horas, y ofrecerán tapas variadas con la sardina como protagonista.
Aunque se podrá disfrutar de tapas con otros pescados (atún, cherne…). Y éstas se ofrecerán a 1´5 o 2 euros como máximo. También se podrá degustar buen vino del Valle de La Orotava y otros productos de la tierra.
Los vecinos que se animen podrán esperar en la Plaza o unirse al cortejo fúnebre, que este año varía el recorrido. Así, no saldrá como ya era habitual del Estadio Los Cuartos sino de La Cancela, desde donde partía los primeros años de esta celebración que en vez de llevar una ‘Sardina’ llevaban un muñeco llamado Crispín.
Luego se continuará el recorrido similar al día del coso, desde la Cruz del Teide, y se culminará en la citada Plaza de la Constitución para su quema. En este acto también se contará con la participación de los grupos del carnaval orotavense.
Y tras la ‘Quema de Crispín’ tendrá lugar un concierto del grupo ‘Clave de Son” para continuar animando el ambiente.
CRISPÍN
El Crispín de La Orotava ya cumple 34 años de historia. Este ‘personaje’ nació en 1979 por iniciativa de Rigoberto González, dueño de la fábrica de mármoles La Milagrosa y en aquella fecha concejal de la nueva corporación democrática. Rigoberto cuenta que en La Orotava, en la etapa de la Dictadura, siempre salía por el casco un vecino de La Cancela, amante de las fiestas carnavaleras, con un muñeco al hombro y disfrazado.
Este osado villero recorría las calles cada Miércoles de Ceniza, pero tenía que tirar el muñeco y huir desde que veía a la policía represora, que no dudaba en perseguirlo año tras año. Rigoberto González al acceder a la corporación municipal y recuperar estos populares festejos de carnestolendas decidió hacer algo similar a lo que ya para muchos era una tradición, por lo que el Miércoles de Carnaval (Miércoles de Ceniza) se programa el entierro y quema de un muñeco, al que decidieron llamar Crispín.
Rigoberto González recuerda con nostalgia los primeros años del entierro de Don Crispín, que se armaba en la fábrica de mármoles La Milagrosa, y recorría los barrios más significativos de la Villa, desde la Cruz del Teide hasta El Calvario, para luego ascender, en una primera etapa, hacia la plaza del ayuntamiento, y en una segunda, que se mantiene hasta la actualidad, a la Plaza de la Constitución o del Kiosco.
Durante 25 años se mantuvo la costumbre de brindar, a los participantes en el cortejo fúnebre y a los vecinos que acudían a verlo, con sardinas asadas, vino y pan. Tradición que ya no se realiza. Es curioso también el dato de que este Entierro de Crispín precedió en un año al coso villero organizado por la Comisión de Fiestas.
Crispín cada año se disfraza de la temática que versa el Carnaval de La Orotava, por lo que en esta ocasión lo hará en honor a la magia.
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